Por Carlos Hartig.
Puerto Vallarta.- La flagrante ineficiencia en la gestión de la infraestructura hídrica y el desprecio sistemático por las garantías mínimas de salud pública por parte de SEAPAL Vallarta han alcanzado niveles de gravedad que rebasan cualquier límite tolerable para la ciudadanía. Vecinos del fraccionamiento Fovissste 100, en conjunto con derechohabientes del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), han levantado una enérgica protesta social para exigir la intervención inmediata ante una emergencia ambiental y sanitaria sin precedentes: el acceso principal al área de urgencias de la clínica local se encuentra completamente sitiado por un flujo constante e ininterrumpido de aguas negras. Lo que el organismo operador de agua y alcantarillado ha permitido que se agrave debido a una prolongada omisión institucional es hoy una preocupante cloaca a cielo abierto que fluye impunemente por las vialidades, obligando de manera indignante a pacientes en estado crítico, personal de enfermería, paramédicos y médicos a transitar entre lodos fecales y residuos orgánicos para poder ingresar al nosocomio, vulnerando los protocolos internacionales de asepsia médica.
La calle Jongitud Barrios se ha convertido en el epicentro de este foco de contaminación masiva, derivado del colapso absoluto de la red de drenaje profundo que SEAPAL Vallarta se ha negado reiteradamente a intervenir y reparar de fondo. La comunidad afectada ha documentado y denunciado hasta el cansancio que esta fuga masiva lleva meses incrementando su caudal, evolucionando de una filtración subterránea a un torrente incontenible de aguas residuales sin ningún tipo de tratamiento biológico. Resulta institucionalmente inaceptable y una burla para los contribuyentes que, mientras el organismo operador recauda con puntualidad las tarifas del servicio hídrico, demuestre una total incapacidad operativa para desplegar cuadrillas técnicas que solucionen una contingencia tan evidente en una zona urbana. Esta preocupante falta de competencia y de mantenimiento preventivo no solo deteriora severamente la imagen de Puerto Vallarta como destino turístico internacional, sino que atenta de forma directa y deliberada contra la integridad física de la población civil en un perímetro estrictamente hospitalario.
Si bien la indignación de los colonos se vuelca con firmeza contra la dirección de SEAPAL, la administración interna de la clínica del ISSSTE tampoco queda exenta de responsabilidad ante este escenario de flagrante negligencia compartida. Resulta sumamente cuestionable el silencio hermético y la postura cómplice que han mantenido los directivos de dicho centro médico, quienes han observado de brazos cruzados cómo el perímetro de su propia área de emergencias se transforma en un canal de desechos urbanos y lodos contaminados. En lugar de ejercer una presión firme, utilizando todo el peso institucional y las vías legales conducentes ante las autoridades municipales y estatales para salvaguardar la salud de sus instalaciones, la dirección del ISSSTE ha optado por la comodidad de la pasividad burocrática; esta inacción condena diariamente a su propio personal laboral y a pacientes con sistemas inmunológicos severamente comprometidos a inhalar gases nocivos y partículas de desecho suspendidas en el aire.
La capacidad de resistencia y la paciencia de la comunidad vecinal se han agotado de forma definitiva; los habitantes de la zona se ven obligados a implementar diariamente extenuantes jornadas de limpieza utilizando cloro y herramientas propias, en un intento desesperado por mitigar la insalubridad que brota intermitentemente del subsuelo ante la falta de infraestructura adecuada. La exigencia colectiva es tajante y no admite prórrogas: SEAPAL Vallarta debe abandonar de inmediato la opacidad burocrática, proceder a la ruptura del pavimento y ejecutar la reingeniería hidráulica necesaria para solucionar el desastre generado por sus propias omisiones técnicas. La ciudadanía ha manifestado abiertamente que no tolerará más promesas de campaña, minutas de trabajo vacías ni mesas de diálogo estériles mientras las banquetas continúen cubiertas de residuos biológicos y las salas de espera del hospital sigan inundadas por los olores fétidos del drenaje colapsado.
Este Panorama actual constituye un alarmante monumento a la irresponsabilidad gubernamental y un peligro biológico latente que requiere la intervención de las autoridades de regulación sanitaria a nivel estatal. Si SEAPAL Vallarta persiste en su negativa de reparar de manera integral este colapso hidráulico a la brevedad, y si las autoridades del ISSSTE continúan tolerando que las aguas negras inunden los accesos críticos de su infraestructura de emergencia, ambas instituciones deberán asumir la responsabilidad jurídica y social de un inminente brote epidemiológico de consecuencias potencialmente fatales. La salud y la dignidad de los habitantes de Puerto Vallarta no pueden seguir siendo tratadas como un elemento de desecho en la agenda de prioridades oficiales.
































