Por Ricardo Reyes.
En Nayarit prometieron la transformación, pero terminó llegando el paquete equivocado. La ciudadanía pidió una 4T y recibió una 4Temu: una versión económica, de dudosa calidad y con instructivo en letras tan pequeñas que nadie entendió qué estaba aceptando.
La publicidad era espectacular: combate a la corrupción, transparencia, cercanía con el pueblo y resultados históricos. Pero al abrir la caja aparecieron funcionarios reciclados, promesas ensambladas con cinta adhesiva y obras públicas que parecen venir con garantía de «hasta donde aguanten».
En la 4Temu nayarita, la seguridad mejora… según las conferencias; la salud funciona… según los discursos; la crítica se respeta… siempre y cuando no incomode demasiado; y los problemas desaparecen con la misma facilidad con la que desaparecen de algunos boletines oficiales.
La aplicación marca que el pedido va «en camino», aunque los ciudadanos llevan años refrescando la pantalla esperando que lleguen el desarrollo, la transparencia y la prosperidad prometida.
Los defensores del proyecto aseguran que hay que tener paciencia. Los críticos responden que la paciencia ya viene agotada de fábrica. Mientras tanto, el pueblo revisa la caja una y otra vez buscando la transformación original, sólo para descubrir una nota que dice:
«Producto ilustrativo. Los resultados reales pueden variar. No se aceptan devoluciones.»
Y así, entre inauguraciones con fanfarrias, estadísticas presumidas y discursos de autosatisfacción, muchos nayaritas comienzan a preguntarse si lo que gobierna el estado es la Cuarta Transformación… o simplemente una 4Temu: se parece a la original, pero cuando llega, no era lo que aparecía en la foto.
Porque en política, como en las compras por internet, la decepción empieza cuando el anuncio prometía excelencia y el paquete trae una imitación de bajo costo.

