Por Ricardo Reyes.
La licencia que solicitará Geraldine Ponce para buscar la candidatura de Morena al Gobierno de Nayarit en 2027 confirma lo que desde hace tiempo era evidente: la alcaldía de Tepic nunca fue el destino, sino el trampolín.
La pregunta que deja en el aire no es si tiene derecho a aspirar a un cargo superior; ese derecho lo tiene cualquier ciudadano. La verdadera interrogante es otra: ¿con qué resultados pretende pedirle a todo Nayarit el voto, cuando miles de tepicenses siguen esperando que se cumplan las promesas hechas durante su administración?
El contraste entre el discurso oficial y la realidad es cada vez más difícil de ocultar.
Mientras la propaganda gubernamental presume una ciudad transformada, basta recorrer las colonias para encontrar calles destrozadas, drenajes que colapsan con las primeras lluvias, inundaciones recurrentes, aguas negras afectando a familias enteras y servicios públicos que continúan generando inconformidad.
Una administración se evalúa por sus resultados, no por el número de publicaciones en redes sociales ni por campañas de imagen cuidadosamente producidas.
La licencia llega en el peor momento para Tepic. Justo cuando la temporada de lluvias vuelve a exhibir las debilidades de la infraestructura municipal, quien encabeza el gobierno decide cambiar la responsabilidad de gobernar por la estrategia de hacer campaña.
Ese es el mensaje que muchos ciudadanos perciben: la prioridad dejó de ser Tepic para convertirse en la gubernatura.
En política, la percepción suele convertirse en realidad. Y la percepción que hoy prevalece es la de un gobierno que invirtió más tiempo en construir una figura política que en resolver los problemas cotidianos de la capital.
Morena podrá impulsar la narrativa de continuidad y transformación. Sin embargo, la oposición no necesitará construir un discurso demasiado elaborado. Le bastará mostrar las imágenes de calles inundadas, drenajes desbordados y colonias afectadas para cuestionar si ese es el modelo de gobierno que pretende extenderse a todo Nayarit.
Porque el mayor adversario de Geraldine Ponce no será otro aspirante. Su principal adversario será el balance de su propia administración.
La historia política de México está llena de gobernantes que buscaron el siguiente cargo antes de concluir satisfactoriamente el anterior. Pocos lograron convencer a los ciudadanos de que las aspiraciones personales estaban por encima de las responsabilidades adquiridas.
Hoy, Tepic enfrenta esa misma realidad.
Mientras comienza la competencia por la sucesión de 2027, miles de ciudadanos siguen esperando respuestas a problemas que no admiten discursos ni campañas: calles transitables, drenajes funcionales, seguridad, servicios públicos eficientes y un gobierno plenamente concentrado en administrar la ciudad.
Porque las campañas terminan. La propaganda se olvida. Pero los problemas que se dejan atrás permanecen.
Geraldine Ponce inicia su carrera por el Gobierno del Estado. Tepic, en cambio, se queda con una pregunta que pesará durante toda la contienda electoral: si no pudo convencer a todos con los resultados de la capital, ¿cómo pretende convencer a todo Nayarit de que puede gobernarlo mejor?

