Por Ricardo Reyes.
Aunque el gobierno de Nayarit insiste en presentar cifras alentadoras sobre la reducción de homicidios dolosos, la realidad que enfrentan miles de ciudadanos dista mucho del escenario de tranquilidad que intenta proyectarse desde Palacio de Gobierno.
El gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero destacó que, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), la entidad registró una disminución del 55.4 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos entre enero y mayo de 2026, en comparación con el mismo periodo del año anterior. Asimismo, aseguró que Nayarit concentra apenas el 0.4 por ciento de los asesinatos cometidos en el país.
Sin embargo, especialistas en seguridad advierten desde hace años que reducir el análisis de la violencia a un solo indicador puede generar una percepción distorsionada de la realidad. Menos homicidios no necesariamente significan que la población se sienta más segura o que la delincuencia haya sido erradicada.
En distintos municipios persisten denuncias ciudadanas relacionadas con robos, extorsiones, desapariciones, consumo y venta de drogas, así como la creciente desconfianza hacia las instituciones encargadas de procurar justicia. Para muchas familias nayaritas, la inseguridad cotidiana no desaparece porque una estadística oficial muestre números favorables.
La administración estatal ha optado por destacar los logros cuantitativos, pero evita profundizar en temas sensibles como la cifra negra de delitos que no son denunciados, los casos que permanecen impunes y la percepción ciudadana sobre la efectividad de las corporaciones de seguridad.
El discurso gubernamental tampoco logra disipar los cuestionamientos sobre la transparencia de las estrategias implementadas ni sobre los resultados concretos en materia de prevención del delito. Organizaciones civiles han insistido en que la seguridad no puede medirse únicamente por la disminución de homicidios, sino por la capacidad del Estado para garantizar justicia, proteger a las víctimas y recuperar la confianza social.
Si bien es positivo que los asesinatos disminuyan, convertir esa reducción en una narrativa de éxito absoluto puede resultar irresponsable frente a una sociedad que aún enfrenta múltiples expresiones de violencia y que exige respuestas más allá de los boletines oficiales.
La seguridad no se construye con discursos triunfalistas ni con la repetición de porcentajes favorables. Se consolida cuando la ciudadanía puede vivir sin miedo, denunciar sin temor a represalias y confiar en que las autoridades actuarán con eficacia y transparencia.
Mientras el gobierno celebra indicadores que le favorecen políticamente, el verdadero desafío sigue siendo demostrar que la paz en Nayarit es una realidad palpable en las calles y no únicamente una cifra presentada en conferencias y comunicados institucionales.

