Por Ricardo Reyes.
En plena crisis de salud pública donde más de uno de cada tres niños en México ya sufre sobrepeso u obesidad, el regidor Óscar Medina López anunció con orgullo: “Comenzamos con la entrega de dulces rumbo a los festejos del Día del Niño”. Según sus palabras, “como cada año” repartirán golosinas para “llevar un momento de alegría” a las niñas y niños de la demarcación 5, agradeciendo la “visión” de la presidenta municipal Geraldine Ponce.
Suena a gesto inocente. En realidad, es un acto de irresponsabilidad pública que ignora deliberadamente la bomba de tiempo metabólica que afecta a la infancia nayarita y mexicana.
En Nayarit, el 37.3% de los niños y adolescentes padece obesidad o sobrepeso, un porcentaje alarmante que se alinea con el panorama nacional: México ocupa uno de los primeros lugares mundiales en obesidad infantil, con más de 13 millones de menores de 5 a 19 años afectados en 2025. Entre los escolares de 5 a 11 años, la prevalencia de sobrepeso y obesidad ronda el 36-37%, y en adolescentes supera el 40%. Estas cifras no son abstractas: se traducen en niños con riesgo elevado de desarrollar diabetes tipo 2 a edades cada vez más tempranas, hipertensión, hígado graso y problemas cardiovasculares que antes eran exclusivos de adultos.
El consumo excesivo de azúcares añadidos es uno de los principales culpables. En México, más del 67% de los niños en edad escolar y el 64% de los adolescentes ingieren diariamente más azúcar de la recomendada por organismos internacionales. Las bebidas azucaradas y los dulces ultra procesados generan adicción temprana, alteran el metabolismo de la insulina y promueven el sobrepeso desde los primeros meses de vida. La Secretaría de Salud ha advertido explícitamente que el azúcar desde edades tempranas es un detonante directo de obesidad, diabetes y caries. Entregar dulces masivamente no es “alegría”: es combustible para una epidemia que ya cuesta miles de millones en tratamientos futuros y que condena a miles de niños a una vida adulta enferma.
Mientras el regidor Medina López y la alcaldesa Ponce se fotografían repartiendo caramelos y hablan de “compromiso”, “responsabilidad y corazón”, las colonias de la demarcación 5 enfrentan la cruda realidad: niños con riesgo de diabetes tipo 2 antes de la adolescencia, escuelas sin programas reales de nutrición, y un entorno obesogénico que el gobierno municipal no combate, sino que refuerza con estas acciones clientelares.
La diabetes en niños y jóvenes ha aumentado de forma preocupante en los últimos años en México. Lo que antes era una enfermedad de adultos ahora aparece en menores con sobrepeso, muchos de ellos sin diagnóstico oportuno. Los dulces que hoy reparten con bombo y platillo contribuirán mañana a complicaciones graves: insuficiencia renal, amputaciones, ceguera y una esperanza de vida reducida. ¿Dónde queda la “cercanía con las familias” cuando se prioriza el azúcar efímero sobre la salud real de los niños?
Este tipo de eventos anuales no resuelven nada. Al contrario, normalizan el consumo desmedido de productos que la propia Secretaría de Salud recomienda evitar. En lugar de piñatas y caramelos, los niños de Tepic necesitan parques seguros para hacer ejercicio, agua potable en lugar de refrescos, comedores escolares con comida nutritiva y políticas públicas que realmente prevengan la obesidad y la diabetes, no que las alimenten.
Óscar Medina López y Geraldine Ponce siguen optando por la foto fácil y el aplauso barato. Mientras tanto, la demarcación 5 —y miles de familias nayaritas— cargan con el peso real: niños cada vez más obesos, más propensos a la diabetes y con un futuro metabólico comprometido.
El Día del Niño no se celebra con dulces que enferman. Se honra con acciones concretas que protegen su salud a largo plazo. Repartir azúcar en medio de esta crisis no es apoyo: es negligencia disfrazada de cariño. Las familias merecen mucho más que golosinas que dejan un sabor amargo… y un cuerpo enfermo.










































