Por Ricardo Reyes.
Tepic, Nayarit.- Con un discurso cargado de agradecimientos, autoelogios y promesas de seguir construyendo la llamada “Transformación”, Geraldine Ponce anunció su licencia definitiva como presidenta municipal de Tepic. Sin embargo, detrás del mensaje triunfalista queda una realidad que miles de ciudadanos enfrentan todos los días: una ciudad que sigue acumulando problemas estructurales, servicios deficientes y compromisos incumplidos.
La ahora exalcaldesa aseguró haber rendido cuentas y cumplido su palabra, pero para amplios sectores de la población la rendición de cuentas sigue siendo una asignatura pendiente. La pregunta que muchos ciudadanos se hacen no es qué hizo durante casi cinco años, sino qué dejó de hacer y quién responderá por ello.
Durante su gestión se prometió una transformación profunda de Tepic. Se habló de modernización, desarrollo ordenado, mejora de los servicios públicos, fortalecimiento de la seguridad y atención eficiente a las colonias. Sin embargo, la percepción ciudadana en numerosos sectores es muy distinta.
Colonias enteras continúan padeciendo problemas de drenaje y alcantarillado. En temporada de lluvias, las inundaciones siguen siendo una constante en diversos puntos de la ciudad. Calles recién intervenidas han mostrado deterioro prematuro, mientras muchas otras permanecen en condiciones lamentables pese a años de promesas de rehabilitación.
En materia de servicios públicos, las quejas por recolección de basura, alumbrado público y mantenimiento urbano nunca desaparecieron. A pesar de la millonaria inversión anunciada en distintos momentos de la administración, los ciudadanos siguieron denunciando deficiencias que contrastaban con la imagen de éxito proyectada desde el gobierno municipal.
La seguridad tampoco logró convertirse en la historia de éxito que presumía la administración. Aunque los discursos oficiales insistían en avances y estrategias innovadoras, los ciudadanos continuaron reportando robos, vandalismo y una creciente sensación de inseguridad en diversas colonias.
Otro de los grandes cuestionamientos gira en torno al uso de recursos públicos y a la prioridad otorgada a proyectos de alto impacto mediático frente a necesidades básicas que permanecieron sin resolver. Mientras se multiplicaban los eventos, las campañas de difusión y la promoción personal de la alcaldesa, muchas demandas ciudadanas seguían esperando atención.
Las promesas de cercanía con la gente también quedaron bajo escrutinio. Numerosos ciudadanos denunciaron que el acceso real a las autoridades municipales fue limitado y que las soluciones a problemas concretos tardaban meses o simplemente nunca llegaban.
Ahora, al anunciar que deja definitivamente el cargo para buscar nuevos espacios políticos, Geraldine Ponce pretende presentar su salida como una evolución natural de su proyecto. Sin embargo, para sus críticos, el movimiento tiene otra lectura: abandonar la presidencia municipal antes de enfrentar plenamente las consecuencias de las decisiones tomadas durante casi cinco años de gobierno.
Porque gobernar no consiste únicamente en inaugurar obras, encabezar eventos o construir una narrativa en redes sociales. Gobernar implica resolver problemas de fondo, cumplir compromisos y responder por los resultados obtenidos.
Hoy Geraldine Ponce se despide asegurando que cumplió. Pero en las calles de Tepic permanecen las preguntas que su administración no logró responder: ¿dónde quedó la transformación prometida?, ¿por qué persisten tantos problemas básicos?, ¿qué pasó con los compromisos que nunca se concretaron?, y sobre todo, ¿quién asumirá la responsabilidad por las promesas que quedaron en el discurso y nunca llegaron a convertirse en realidad?
La exalcaldesa se marcha rumbo a nuevos proyectos políticos. Los ciudadanos, en cambio, se quedan con los pendientes, las dudas y una ciudad que sigue esperando muchas de las soluciones que les fueron prometidas desde el primer día de gobierno.
































