La coordinadora de la bancada del PT en Nayarit pisotea el mandato constitucional; reduce la diputación a un jugoso negocio de selfis, despensas clientelares y complicidad festiva en Ixtlán del Río.
Por Carlos Hartig.
Tepic.- Hay políticos que confunden la labor legislativa con una descarada campaña permanente de relaciones públicas, y la diputada Marisol Sánchez Navarro ha convertido esta simulación en el sello más ofensivo de su gestión en la Trigésima Cuarta Legislatura del Congreso del Estado de Nayarit. Mientras su costoso aparato de propaganda intenta maquillar un evidente vacío de resultados bajo el cínico discurso de una agenda «que no se detiene», la cruda realidad del sur del estado desmiente el engaño. Resulta indignante que, en un momento en que Nayarit y los municipios de Ahuacatlán, Ixtlán del Río, Amatlán de Cañas y San Pedro Lagunillas se hunden en crisis de infraestructura, falta de empleo y rezago social, la representante del Partido del Trabajo (PT) prefiera corromper la alta tribuna para dedicarse a un activismo de relumbrón, placeándose con total frivolidad en eventos deportivos, culturales y festejos populares que solo sirven para inflar su ego y su catálogo de redes sociales.
El tramposo argumento oficialista de que es una de las legisladoras con menos faltas en las sesiones del Congreso cae por su propio peso ante la nula trascendencia de su presencia en la curul. Asistir de cuerpo presente a calentar el asiento, lucir el vestuario y levantar la mano de forma sumisa o mecánica no es legislar; es simplemente cobrar una jugosa e injustificable dieta parlamentaria a costa del dinero de los contribuyentes. La ciudadanía del Distrito 13 no votó por una figura decorativa encargada de inflar estadísticas de asistencia burocrática, sino por una auténtica creadora de leyes capaz de debatir con rigor, auditar los recursos públicos y proponer soluciones estructurales. Al presumir la puntualidad como si fuera su máximo logro, Sánchez Navarro confiesa de forma involuntaria su total mediocridad parlamentaria: a falta de iniciativas de vanguardia aprobadas que transformen la vida del pueblo, las listas de asistencia son el único y desesperado refugio para ocultar su improductividad legislativa.
La burla se torna mayúscula al analizar su rol como presidenta de la Comisión de Educación y Cultura, un cargo de alta responsabilidad técnica que la diputada ha rebajado al nivel de una agencia de relaciones públicas o de una animadora de eventos. Mientras el sistema educativo local cojea debido a planteles abandonados, techumbres colapsadas y severas deficiencias presupuestales que afectan directamente a las escuelas del sur del estado, Marisol Sánchez prefiere agendar de manera frenética asistencias a graduaciones escolares para operar políticamente. En lugar de convocar a foros de debate técnico, fiscalizar el destino del dinero educativo o exigir desde su comisión mejores condiciones para los docentes y alumnos de las comunidades rurales de Ixtlán y Ahuacatlán, la legisladora se limita a buscar el aplauso fácil, el papel de madrina de generación y la foto sonriente con las familias, utilizando la educación pública como un trampolín electoral sin escrúpulos.
La incongruencia de su actuar se acentúa con su frenético turismo de fin de semana, convenientemente documentado para el consumo masivo en redes sociales. Ver a la legisladora recorriendo el territorio no para llevar soluciones, sino para sumarse al ambiente festivo en el rompimiento de las fiestas de Méxpan o conviviendo amigablemente con el funcionariado en la final del Circuito Valles en Ixtlán del Río, es un insulto para miles de familias que carecen de servicios básicos. Este asistencialismo ramplón no es nuevo en su historial; sobre la diputada han pesado oscuros antecedentes de señalamientos y denuncias ante las autoridades electorales por el reparto de despensas a sectores vulnerables con evidentes fines de promoción personalizada. Esta vieja y rancia práctica de mercantilizar la miseria humana a través de la mal llamada «gestión social» y la entrega de dádivas efímeras pretende sustituir, de manera perversa y clientelar, la obligación constitucional de solucionar el rezago social mediante presupuestos justos y eficientes.
Este comportamiento frívolo, volcado al festejo popular y a la autocomplacencia burguesa, representa una flagrante traición y una bofetada a los principios ideológicos del partido que supuestamente coordina en el Congreso. El Partido del Trabajo nació históricamente de las luchas populares para defender las causas más profundas de las clases explotadas, combatir las desigualdades del sistema y dar batallas ideológicas feroces contra los abusos y los privilegios del poder. Al reducir su gestión a la vacuidad de las selfis territoriales, la entrega de migajas y el acompañamiento cómodo a las estructuras de poder en la zona sur, Sánchez Navarro deslavaca y prostituye la identidad combativa de la izquierda, convirtiendo al PT nayarita en un simple cascarón pragmático al servicio de ambiciones personales y perfiles que le huyen al debate de ideas en la máxima tribuna del estado.
Los ciudadanos informados no pueden ser cómplices del grosero espejismo oficial que pretende vender que «quien se mueve, trabaja». Caminar los municipios del Distrito 13 sin una sola propuesta de ley sustancial y acudir como parásito político a cuanta fiesta patronal, torneo deportivo o clausura escolar se presente en el calendario de Ixtlán del Río no es avanzar; es un descarado oportunismo político que busca asegurar el próximo hueso en el presupuesto. Nayarit no necesita diputados que compitan por ver quién tiene más seguidores en plataformas digitales o quién es más popular en los jaripeos; se necesitan parlamentarios con la capacidad intelectual, el rigor técnico y el valor civil para transformar la realidad jurídica desde la Constitución. Mientras Marisol Sánchez Navarro siga prefiriendo el aplauso efímero de la fiesta antes que el debate rigorista en el Parlamento, su paso por el Congreso será recordado únicamente como una costosa, estéril y vergonzosa campaña publicitaria financiada por el pueblo.

