Por Carlos Hartig.
San Blas.- Con la llegada del verano, las playas del histórico puerto de San Blas se convierten una vez más en el escenario de uno de los espectáculos naturales más conmovedores del Pacífico mexicano: el arribo masivo de la tortuga golfina (Lepidochelys olivacea). Este majestuoso reptil marino, que ha habitado la Tierra por más de 200 millones de años, regresa fielmente a las cálidas arenas de Playa El Borrego para depositar sus huevos. Sin embargo, lo que debería ser un ciclo natural armonioso representa hoy en día una batalla crítica por la supervivencia de la especie. La pesca furtiva, el saqueo clandestino de nidos por su alto valor en el mercado negro y la falta de precaución de algunas embarcaciones motorizadas amenazan constantemente la densidad de la población, obligando a las autoridades y a la sociedad civil a redoblar esfuerzos de manera urgente.
En entrevista, el regidor del Ayuntamiento de San Blas, el Licenciado Gerardo Mora Tiznado, hizo un llamado enérgico a la población y al turismo que abarrota el municipio para sumarse activamente a las tareas de concientización y cuidado ambiental. “Nuestras playas no solo son un motor económico y turístico, son un santuario vivo que tenemos la obligación moral y legal de proteger; desde el Cabildo estamos respaldando con firmeza los programas de conservación porque sabemos que salvar a una tortuga es salvar el equilibrio de nuestros ecosistemas marinos”, puntualizó el funcionario municipal. Mora Tiznado destacó que el gobierno local trabaja en estrecha coordinación con las instancias federales y los grupos de voluntarios para asegurar que las playas se mantengan como espacios seguros e idóneos para el desove durante toda la temporada alta.
El epicentro de esta titánica labor de rescate es el Campamento Tortuguero “Aayetsie Wakie” —cuyo nombre en lengua wixárika significa significativamente “Nido de tortugas”—, un espacio clave donde biólogos y voluntarios locales realizan extenuantes patrullajes nocturnos. Los brigadistas recorren kilómetros de litoral bajo la oscuridad para localizar a las hembras, esperar pacientemente a que terminen de desovar y reubicar de inmediato los huevos en corrales de incubación controlados, blindándolos así de los depredadores naturales y de los recolectores ilegales. Este esfuerzo coordinado rinde frutos monumentales cada año, logrando liberar un promedio estimado de 50,000 crías por temporada hacia el océano, un número vital que inyecta esperanza a una especie catalogada bajo un estricto régimen de protección por las leyes mexicanas.
El regidor Gerardo Mora Tiznado enfatizó la necesidad de dotar de mayores herramientas y visibilidad a estos centros comunitarios que operan con recursos limitados pero con una pasión inquebrantable. “El trabajo que realizan los voluntarios en campamentos como Aayetsie Wakie es verdaderamente admirable, pues pasan noches enteras en vela vigilando el corral y cuidando la temperatura de los nidos para garantizar el nacimiento de las crías. Como autoridades, nuestro compromiso es buscar que se reconozca y se apoye este esfuerzo, pero el verdadero cambio viene de la educación de nuestra gente y de los visitantes que eligen San Blas”, manifestó el regidor, reiterando que la preservación ecológica debe ser una prioridad en la agenda pública de la costa nayarita.
Durante el diálogo con los medios, se recordaron las “reglas de oro” obligatorias para cualquier persona que visite la zona de anidación, especialmente en este mes de julio cuando la actividad se intensifica de forma notable. Los especialistas insisten en que si se avista una tortuga desovando en la arena, bajo ninguna circunstancia se debe usar luz blanca o flashes de teléfonos celulares, ya que esto las desorienta por completo y puede provocar que interrumpan el proceso y regresen al mar sin depositar sus huevos. Asimismo, es crucial mantener una distancia respetuosa de al menos cinco metros y evitar tocar directamente a las crías recién nacidas en las liberaciones masivas vespertinas, puesto que el trayecto que realizan de manera natural por la arena sirve para fortalecer sus aletas y fijar en su memoria magnética las coordenadas de la playa a la que regresarán cuando alcancen la madurez.
Finalmente, las autoridades locales hicieron una invitación extensiva para que las familias acudan a ser testigos responsables de este milagro biológico, el cual deja una huella imborrable sobre todo en las infancias, quienes aprenden de primera mano el valor de la biodiversidad al sostener de manera supervisada el futuro de una nueva vida marina. La temporada apenas comienza y se espera que durante los próximos meses de otoño e invierno continúen los nacimientos multitudinarios en el puerto. Con el respaldo del Cabildo y el impulso de regidores comprometidos como Gerardo Mora Tiznado, San Blas busca consolidarse no solo como un destino histórico de inigualable belleza, sino como un referente absoluto de turismo sustentable y conservación ambiental en todo el Pacífico mexicano.










































