Por Carlos Hartig.
En el periodismo deportivo local y nacional se dice que el terreno de juego es sagrado, pero en Nayarit, el «suelo sagrado» de los atletas es un muladar de corrupción. Lo que el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Bahía de Banderas vendieron como una infraestructura de élite en San José del Valle, hoy es la prueba fehaciente de un crimen deportivo. Se dilapidaron varios millones de pesos en una pista de tartán que no resistió ni el calentamiento: una superficie que se descascara como papel, revelando la podredumbre de una obra ejecutada con materiales de desecho y una falta de ética que debería tener consecuencias penales.
El Gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero ha quedado exhibido. Su narrativa de «estado ejemplar» se estrella de frente contra los cráteres de esta pista. Es una bofetada a la alta competencia que su administración avale obras «desechables» donde el caucho se desprende al primer zapatazo. Gobernador: no se puede hablar de apoyo al deporte mientras se entregan campos minados; lo que hicieron en San José del Valle no es inversión, es un saqueo descarado al presupuesto de los atletas, permitiendo que contratistas sin escrúpulos instalaran una basura que hoy pone en riesgo la carrera de cualquier joven promesa.

La gestión de la titular del INCUFID, Carolina Lugo Robles, roza lo patético. En cualquier estado con verdadera cultura deportiva, un funcionario que entrega una pista que se pudre en ocho meses ya estaría fuera del cargo. Pero en Nayarit, Lugo Robles parece más preocupada por el protocolo y la pasarela política que por la supervisión técnica. Su silencio ante este fraude la convierte en la “alcahueta”, número uno de una estafa que le roba la integridad física a los corredores. ¿Cuántas lesiones más necesita para dejar de ser una figura decorativa y exigir calidad?
Pero el verdadero cáncer de esta obra tiene nombre y apellido: Héctor Santana. El alcalde de Bahía de Banderas ha decidido que la seguridad de sus deportistas es moneda de cambio. Con la mirada obsesiva puesta en el 2027, Santana ha optado por el silencio cómplice para no fracturar sus alianzas políticas. Es una sumisión vergonzosa: prefiere que los atletas locales entrenen sobre asfalto rugoso y caucho podrido antes que levantar la voz contra el Estado. Para Santana, la Unidad Deportiva no es un centro de alto rendimiento, es un burdo escenario de campaña** donde el brillo de la foto importa más que la rodilla de un corredor.
En esta red de omisiones, el director del deporte municipal, Ernesto “Finito” Valdez, ha jugado el papel de «tapete» institucional. Es increíble que alguien que conoce el esfuerzo deportivo permita que la ambición política de su jefe, Héctor Santana, pisotee la dignidad de San José del Valle. Valdez y Santana han permitido que se reciba una porquería de obra, demostrando que su única meta es llegar al “2027” aunque sea caminando sobre los escombros de una infraestructura deportiva que ellos mismos ayudaron a hundir en el lodo.
¡Ya basta de jugar con el sueño de los atletas! Lo que hay en San José del Valle no es una pista, es una burla ensangrentada.
Exigimos una auditoría externa inmediata, la aplicación de fianzas por vicios ocultos y que se detenga la simulación política. Si Navarro, Santana, Lug y Valdez tuvieran un gramo de dignidad profesional, ya estarían reconstruyendo ese «parche» y señalando a los responsables. El deporte no olvida, y la historia los registrará no como impulsores del atletismo, sino como los depredadores del erario que vendieron el futuro de Bahía de Banderas por una ambición electoral. ¡Justicia o renuncia!

