Por Carlos Hartig.
La política en el Distrito 3 ha dejado de ser una representación ciudadana para convertirse en el refugio de la desfachatez más absoluta. Jorge Armando Ortiz Rodríguez, alias “Fugio”, ha cumplido media década enquistado en una curul federal sin haber entregado un solo resultado legislativo para los municipios que dice representar. Lo que hoy impera no es solo la ausencia de leyes, sino un cinismo que insulta la inteligencia de cada ciudadano que, con su esfuerzo, paga el oneroso estilo de vida de este legislador del PT.
La mecha de la indignación fue encendida por la Arq. Citlalli Rubí Huerta Peña, regidora de Bahía de Banderas por Movimiento Ciudadano (MC), quien a través de una denuncia frontal en su muro de Facebook destapó la cloaca de indolencia en la que navega el diputado. Huerta Peña arremetió contra Ortiz Rodríguez, calificando de «insultante» que el diputado intente disfrazar su ocio con retórica política. La regidora fue clara: es una vergüenza que, tras cinco años, el distrito siga huérfano de gestión federal mientras el legislador se regocija en una realidad alterna de mentiras y simulación.
La evidencia del desprecio de «Fugio» por su cargo llegó a su punto máximo de ridiculez recientemente. El diputado fue exhibido en Playa Cocinas, en Punta de Mita, donde, lejos de estar trabajando, simplemente se dedicó a bañarse y a divertirse junto con sus amigos. Lo más indignante para la opinión pública fue el intento de Ortiz de justificar su tarde de recreo bajo el argumento de que «bañarse en la Playa Las Cocinas hoy es una acción de resistencia y en defensa de las playas libres». Ante esto, la regidora Citlalli Huerta estalló, señalando que la verdadera «resistencia» es la que hace el pueblo de Bahía de Banderas para sobrevivir al abandono y a la falta de leyes de un diputado que solo usa las causas sociales como excusa para irse de vacaciones.
Para la Arq. Citlalli Huerta, este comportamiento es el sello de un «vaquetón» que ha perfeccionado el arte de la demagogia. Es un agravio que, en lugar de estar en la Ciudad de México peleando presupuestos reales para Nayarit, Ortiz Rodríguez pretenda que un chapuzón entre amigos sea considerado «labor legislativa». Su gestión es un vacío absoluto: no hay iniciativas, no hay recursos gestionados; solo hay el cobro puntual de una dieta millonaria que el pueblo le paga para que él pueda «resistir» cómodamente bajo el sol de Punta de Mita.
¿Qué duele más a Bahía de Banderas: la mentira sistemática de quien prometió ser «diferente» o el descaro de verlo disfrazar su diversión de lucha social? El mote de «Fugio» hoy suena más a una huida constante de sus responsabilidades. La regidora de MC ha puesto el dedo en la llaga sobre un parásito legislativo que ha hecho del Distrito 3 su caja chica y su zona de recreo personal, mientras los problemas de infraestructura y servicios básicos del municipio siguen sin voz en el Congreso de la Unión.
El tiempo de la tolerancia se agotó. La denuncia de Citlalli Rubí Huerta Peña es un grito de guerra contra la mediocridad y la traición de quien ha convertido la representación popular en un insultante espectáculo de ocio. Bahía de Banderas ya no puede cargar con el lastre de un diputado federal que solo aparece para las fotos en el mar y que tiene el descaro de llamar «resistencia» a su propia negligencia. El juicio social ya comenzó, y el cinismo de Jorge «Fugio» Ortiz ya no encuentra lugar donde esconderse.

