Por Carlos Hartig.
Al término del Cuarto Informe de Actividades de la rectora Norma Galván Meza, el panorama de la educación superior en México fijó su mirada en Nayarit. Ricardo Villanueva Lomelí, destacado académico y líder universitario, calificó la gestión de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) como un auténtico «ejemplo nacional de saneamiento». El reconocimiento no es menor si se considera que, hasta hace apenas unos años, la máxima casa de estudios de la entidad arrastraba una de las crisis financieras y estructurales más severas y profundas en todo el territorio mexicano, bordeando la parálisis operativa de sus funciones esenciales.
La transformación financiera iniciada bajo la conducción de Galván Meza ha comenzado a rendir frutos palpables que redefinen la relación de la universidad con su entorno político y social. De acuerdo con Villanueva, el rescate económico no sólo representa un alivio contable, sino que es el pilar que consolida y devuelve la verdadera autonomía a la institución. Este proceso demuestra que los recursos propios y los subsidios administrados de forma correcta brindan la blindada libertad que una universidad requiere para generar conocimiento técnico y científico, blindándose ante presiones o intereses partidistas.
El cambio de rumbo en Nayarit pone de manifiesto que las autonomías universitarias ya no pueden usarse como un pretexto de inmunidad frente al escrutinio público. Villanueva Lomelí enfatizó de manera contundente que los marcos jurídicos otorgan la autonomía en el papel, pero el respeto colectivo y la credibilidad social se defienden día a día en las aulas y las oficinas administrativas a través de prácticas estrictas de fiscalización, transparencia institucional y una puntual rendición de cuentas hacia la sociedad que la financia.

A nivel macro, el panorama de la educación superior en el país refleja una tendencia favorable de estabilización. Mientras que hace poco más de un lustro el Sistema de Universidades Públicas Estatales reportaba un bloque crítico de 14 instituciones ahogadas en deudas y déficits financieros extremos, el esfuerzo coordinado actual ha reducido esa cifra de alarma a únicamente cuatro universidades con problemáticas estructurales severas. El resto de las casas de estudio, incluida la UAN, se mantiene de manera decidida dentro de rutas formales y dinámicas de recuperación presupuestaria.
Las raíces que originaron estas debilidades financieras en el país son tan complejas como diversas. Los especialistas apuntan al acumulamiento histórico de pasivos derivados de la contratación irresponsable de créditos del pasado, sistemas de pensiones internos financieramente insostenibles debido al incremento en la expectativa de vida, bajas aportaciones estructurales para jubilaciones y la acumulación de prestaciones laborales desproporcionadas que comprometieron el gasto corriente durante décadas. Las reformas actuales atacan de fondo estos problemas, buscando un equilibrio duradero.
Finalmente, el saneamiento de la UAN resalta una coincidencia sumamente positiva dentro del actual ecosistema universitario en México: el liderazgo de las mujeres en momentos de máxima complejidad. El éxito administrativo de la rectora Norma Galván Meza se suma al de otras rectoras en el país que han tomado el control de instituciones en crisis severas, logrando ordenarlas con una conducción efectiva, responsable y transparente. La experiencia en Nayarit comprueba que una gestión rigurosa no debilita las demandas laborales ni sociales, sino que salva la viabilidad de la universidad pública a largo plazo.

