Bajo el amparo de la opacidad y el uso de la fuerza pública, el gobierno de Miguel Ángel Navarro Quintero ha convertido las costas de Nayarit en un botín para desarrolladores. Lo que antes era patrimonio del pueblo, hoy se entrega al mejor postor mientras la resistencia ciudadana es ignorada y criminalizada en su propio territorio.
Por Carlos Hartig.
Con el cansancio del viaje pero la rabia intacta, un grupo de ciudadanos de Punta de Mita llegó hasta el corazón del país para lanzar un desafío directo al régimen estatal. Frente a Palacio Nacional, en pleno Zócalo capitalino, los manifestantes extendieron una manta monumental que capturó la atención de locales y turistas por igual. «No callen, sigamos en la lucha raza», es el clamor que resuena desde la capital, donde el apoyo ciudadano se ha volcado a favor de la justicia y en contra del conformismo que pretende imponer el gobierno nayarita.
El foco de esta indignación es Playa Cocinas, un santuario natural en Nayarit que hoy se encuentra bajo el asedio del capital privado. Las denuncias ciudadanas, respaldadas por testimonios en video que circulan en redes, apuntan a que, con la complacencia de las autoridades locales, se ha iniciado un proceso de privatización que bloquea accesos y destruye el ecosistema costero. En las grabaciones del Zócalo se observa la determinación de un pueblo que señala que mientras el discurso oficial habla de «progreso», la realidad es de «cochinadas» políticas y despojo de tierras.
La crítica hacia el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero es implacable. Se le acusa de traicionar la confianza ciudadana al orquestar una privatización disfrazada de legalidad, utilizando la fuerza para acallar a quienes defienden el libre tránsito. La manta desplegada frente a la sede del Poder Ejecutivo es contundente y cita textualmente:
«SEÑORA PRESIDENTA CLAUDIA SHEINBAUM PARDO: EL PUEBLO DE PUNTA DE MITA LE PIDE QUE NOS ESCUCHE, QUE SE DÉ UNA VUELTA PARA QUE VEA LAS COCHINADAS QUE ESTÁ HACIENDO EL GOBERNADOR MIGUEL ÁNGEL NAVARRO QUINTERO. ESTÁ PRIVATIZANDO LAS PLAYAS Y ÉL DICE QUE ES USTED QUIEN ESTÁ DANDO LOS PERMISOS. ATTE: EL CHILANGO NAYARITA».
Ante este señalamiento, la exigencia es una sola: que la presidenta Claudia Sheinbaum «meta las manos» de manera urgente para frenar este asalto al patrimonio nacional. El mandatario estatal no puede seguir utilizando el nombre de la presidencia para justificar el atropello a los derechos de los nayaritas. La lucha no es solo por un pedazo de tierra, es por la dignidad de un estado que se niega a ser subastado.
Este movimiento ha dejado de ser una queja local para convertirse en una causa nacional. «Desde Ciudad de México nos apoyan», afirman los activistas, quienes aseguran que no darán un paso atrás frente a la represión. La lucha por Playa Cocinas se ha convertido en el símbolo de la resistencia contra el «despojo institucionalizado» que busca convertir las bellezas naturales en clubes exclusivos, custodiados por vallas y policías, lejos del alcance de las familias mexicanas.
El cinismo político en la entidad ha llegado al límite. Mientras el gobernador pregona la justicia social, los habitantes ven cómo se les arrebata el acceso al mar que les pertenece por derecho constitucional. La movilización en el Zócalo es un recordatorio de que el pueblo no es conformista y exige justicia. Es momento de que el gobierno federal intervenga y detenga de una vez por todas la venta del paraíso. ¡La lucha sigue y el pueblo no se rinde!

