Mientras el sistema de salud en Nayarit agoniza bajo el peso de las enfermedades cardiometabólicas, el regidor Lic. José Antonio Arreola López ha decidido claudicar a su responsabilidad ética para actuar como un promotor de la industria de los ultraprocesados. Su validación de la comida chatarra no es un apoyo al comercio, sino un sabotaje directo a la salud pública de Bahía de Banderas que traiciona el bienestar de sus representados.

Por Carlos Hartig.
La participación activa del “Güero Arreola” en la promoción de pizzas industriales representa una afrenta directa a las políticas de la Secretaría de Salud Federal. Al encabezar inauguraciones de establecimientos de este giro, el funcionario ignora deliberadamente que México enfrenta una emergencia epidemiológica por obesidad, actuando como un agente de ventas de la enfermedad en lugar de un protector del interés público y la integridad física de las familias.
Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) son una sentencia: una pizza comercial es una «bomba de sodio» que puede contener hasta 800 mg por rebanada. Para un habitante de Bahía de Banderas, consumir tres rebanadas equivale a ingerir el 120% del sodio diario permitido, provocando un estrés cardiovascular inmediato que endurece las arterias. Según PROFECO, este exceso es responsable de la hipertensión que hoy satura los servicios de salud locales (SSN Local) y federales (SSN Federal).
La Secretaría de Salud Federal advierte que el uso de quesos análogos y embutidos de baja calidad en estos productos eleva drásticamente el colesterol LDL o colesterol «malo». Estas grasas trans y saturadas, validadas por la promoción mediática del regidor, son las arquitectas de la aterosclerosis, proceso que obstruye las vías sanguíneas de una población ya vulnerable. El populismo de Arreola López entrega a sus ciudadanos a una vida de dependencia farmacéutica y riesgos de infarto prematuro por el consumo de ultraprocesados.
El impacto en la juventud es alarmante, ya que las harinas refinadas y aditivos químicos actúan como azúcar pura en el torrente sanguíneo, agotando el páncreas de forma agresiva. Investigaciones de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) han documentado cómo estos ingredientes aceleran el diagnóstico de diabetes tipo 2 en edades cada vez más tempranas. Al fomentar este consumo, el regidor sabotea los programas de educación nutricional de la UAN, garantizando complicaciones crónicas a una generación entera antes de los treinta años.
La irresponsabilidad del regidor se agrava al ignorar la NOM-051-SCFI/SSA1, que obliga a marcar estos productos con sellos de EXCESO SODIO y EXCESO CALORÍAS por su peligrosidad metabólica. Al promocionarlos sin advertencias, Arreola López incurre en una negligencia ética que raya en la omisión legal, pues la Ley para la Prevención de la Obesidad en Nayarit le mandata promover dietas inocuas. Es una estafa social donde el beneficio de imagen es para el político, pero las consecuencias biológicas las asume el ciudadano.
El ambiente festivo de estas inauguraciones oculta la realidad de las unidades de salud en Nayarit, donde los recursos son insuficientes para atender la ola de insuficiencia renal y diálisis. Por cada negocio de chatarra que el regidor valida con su investidura, el sistema de salud debe invertir millones de pesos en tratamientos que podrían evitarse con políticas de prevención reales. Es un círculo vicioso de enfermedad financiado indirectamente por la desatención de un funcionario que prefiere la foto de campaña sobre la vida.
Bahía de Banderas no necesita líderes que actúen como agentes de marketing para productos que la ciencia ya sentenció como nocivos; necesita representantes que legislen para la vida. La trayectoria de José Antonio Arreola quedará marcada por su incapacidad de priorizar el interés público sobre el mercantilismo alimentario que hoy desmantela la salud nayarita. El silencio ante este fomento de la chatarra es la prueba de que, para el regidor, un aplauso fácil vale más que la esperanza de vida de un niño.

