Por Ricardo Reyes.
Aunque el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero insiste en que las comunidades más alejadas “nunca son olvidadas”, la realidad en la sierra nayarita dista mucho del discurso oficial.
Durante una nueva visita a Santa Teresa, en el municipio de Del Nayar, el mandatario estatal aseguró que su administración mantiene presencia constante en zonas de difícil acceso, destacando la realización de mesas de seguridad en territorio como un hecho “único” en el país. Sin embargo, habitantes de estas regiones continúan enfrentando carencias históricas en servicios básicos, lo que pone en duda la efectividad de dichas acciones.
Aunque Navarro Quintero sostiene que su gobierno escucha de manera directa a las familias serranas, en la práctica los problemas de salud, educación y bienestar social persisten sin soluciones de fondo. Clínicas sin medicamentos, escuelas con infraestructura deficiente y comunidades sin acceso adecuado a servicios básicos siguen siendo parte del día a día en Del Nayar.
El discurso de cercanía y sensibilidad contrasta con la percepción de abandono que denuncian pobladores, quienes señalan que las visitas oficiales suelen quedarse en actos protocolarios sin continuidad ni resultados tangibles.
Además, el énfasis en las mesas de seguridad no ha logrado disipar la incertidumbre en la región, donde las condiciones de marginación continúan siendo un factor que agrava la vulnerabilidad social.
A pesar de que el gobierno estatal presenta estas giras como un ejemplo de compromiso, la falta de avances concretos deja abierta la pregunta: ¿se trata de una estrategia efectiva o solo de una narrativa política que intenta maquillar la deuda histórica con las comunidades indígenas y rurales de Nayarit?
En la sierra, las palabras sobran; lo que falta, insisten los habitantes, son resultados.

