Bahía de Banderas, Nayarit (RRC): En medio de un panorama educativo marcado por el deterioro crónico y la inseguridad en zonas turísticas de Nayarit, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero visitó este miércoles la telesecundaria “Niños Héroes de Chapultepec”, en Punta de Mita, para entregar un domo y nuevas porterías de cancha con una inversión cercana a los 2 millones de pesos.
La visita, más que un acto de avance, resalta el estado de abandono en el que se encontraba el plantel que atiende a 163 estudiantes. Durante el recorrido, el mandatario constató personalmente las huellas de robos recientes que dejaron el plantel sin cableado eléctrico y con evidentes vulnerabilidades de seguridad. Solo entonces instruyó medidas mínimas como la reposición del cableado, la instalación de cámaras, la protección de ventanas y la elevación de la barda perimetral en las zonas más expuestas.
Padres de familia y docentes de la zona han denunciado en meses anteriores condiciones precarias, incluyendo tomas de escuela por conflictos internos y un entorno donde la delincuencia común y el descuido institucional convierten en lujo cualquier espacio digno para estudiar. La cancha, además, sufre problemas recurrentes de inundaciones, un mal endémico en la región costera de Bahía de Banderas.
Navarro Quintero prometió también dotar al plantel de computadoras y un nuevo transformador eléctrico. Sin embargo, estas acciones llegan como respuesta reactiva a un deterioro que se acumuló durante años, en una telesecundaria ubicada en una zona de alto valor turístico pero históricamente relegada en inversión pública.
Mientras el gobierno estatal presenta estas obras como un “fortalecimiento” de la infraestructura educativa, la realidad es que el anuncio evidencia fallas estructurales más profundas: falta de mantenimiento preventivo, debilidad en la seguridad de los planteles y una gestión que parece reaccionar solo cuando los problemas ya son evidentes y generan presión social.
En una entidad donde la educación pública enfrenta rezagos históricos, especialmente en comunidades costeras afectadas por turismo desordenado y delincuencia, entregar un domo y prometer cámaras después de los robos no parece una transformación, sino el mínimo indispensable que se debería haber garantizado desde hace mucho tiempo.
Los 163 estudiantes de “Niños Héroes de Chapultepec” merecen estudiar en condiciones dignas sin tener que esperar a que los robos y la visibilidad mediática obliguen a las autoridades a actuar. Por ahora, solo queda esperar que las promesas anunciadas se cumplan y no queden, como tantas otras, en el terreno de los anuncios y las fotos protocolarias.

