Por Javier Zapata
En México hay drones.
Hay georradares.
Hay laboratorios forenses.
Hay peritos certificados.
Hay comisiones estatales y una Comisión Nacional de Búsqueda con presupuesto etiquetado.
Hay vehículos, protocolos, manuales y discursos.
“Lo que no hay… son resultados proporcionales”.
Porque mientras el aparato institucional presume capacidad, las fosas siguen apareciendo en manos de quienes no tienen nada: Las madres”.
En el Lago de Chalco, más de doscientas osamentas emergieron del lodo en cuestión de días. No por un operativo de inteligencia. No por un barrido técnico profundo.

“POR COLECTIVOS”.
En el rancho de Teuchitlán, donde hubo presencia previa de autoridades, donde ya se había pisado el terreno, donde ya se habían realizado operativos, lo que terminó por revelar la magnitud del horror, no fue el Estado.
“Fueron las familias buscadoras”.
“Y entonces la pregunta deja de ser incómoda para volverse inevitable”.
¿cómo es posible que quienes tienen presupuesto, tecnología y obligación legal, no localicen y encuentren menos que quienes buscan con palas, varillas y sus manos?
En el Estado de México, la búsqueda se volvió trámite. Operativos que cumplen agenda, pero no profundidad. Territorios intervenidos sin ser realmente explorados. Informes que suman acciones, pero no hallazgos.
En Jalisco, la sofisticación institucional convive con la contradicción. Equipos, coordinación, despliegue… y aun así, los hallazgos clave llegan desde fuera del aparato oficial. Como si la estructura existiera, pero no operara donde debe.
“Pero es en Nayarit”, donde la narrativa oficial termina de romperse.
Porque aquí no hay el mismo volumen presupuestal que en otros estados. No hay la misma exposición mediática. No hay reflectores permanentes.
Y aun así, el patrón es idéntico.
En municipios como Tepic, Xalisco y San Blas, los hallazgos de restos humanos y puntos positivos, no nacieron de grandes operativos institucionales.
“Nacieron de la insistencia”.
“De la terquedad”.
“De la búsqueda que no se detiene”.
Colectivos como Colectivo Familias Unidas por Nayarit y Colectivo En Búsqueda de Nuestros Corazones Perdidos han documentado lo que en informes oficiales no siempre aparece:
• zonas ya “revisadas” donde después sí hubo hallazgos
• omisiones en seguimiento
• respuestas tardías de la autoridad
Y entonces es cuando Nayarit deja de ser un caso local.
“Se vuelve prueba”.
Porque incluso con menor infraestructura, ocurre lo mismo:
El Estado pasa, atiende;
Y no encuentra.
“El colectivo regresa; Y la tierra habla”.
No es falta de dinero.
No es falta de herramientas.
No es falta de personal.
Es algo más profundo: falta de dirección, de voluntad… o de decisión.
Porque mientras el Estado administra tiempos, los colectivos no tienen ese lujo.
“Ellas no levantan informes”.
“Levantan tierra”.
No esperan autorizaciones.
Siguen pistas.
“No cierran expedientes;
“Abren fosas”.
Y en esa diferencia está toda la verdad que nadie quiere asumir.
Los colectivos son más eficientes no porque tengan mejores herramientas, sino porque tienen un objetivo que no admite simulación: encontrar a los suyos.
Construyen inteligencia donde el Estado no llega. Escuchan lo que nadie documenta. Regresan a los mismos lugares donde la autoridad ya dijo “no hay nada”.
“Y encuentran”. “Una y otra vez”.
Cada hallazgo hecho por una madre es también una evidencia.
Evidencia de omisión.
Evidencia de negligencia.
Evidencia de que los recursos existen… pero no están donde deberían.
Porque cuando una pala encuentra lo que un georradar no reportó, el problema no es técnico.
“Es estructural”.
🔴 México bajo la mirada internacional”.
Y entonces, cuando el país no logra explicarse a sí mismo, alguien más empieza a observarlo.
La Organización de las Naciones Unidas ya no habla de casos aislados.
Habla de patrones.
Habla de persistencia.
Habla de repetición.
Habla de una crisis que dejó de ser excepcional para convertirse en constante.
Porque cuando las desapariciones se multiplican, cuando los hallazgos los hacen las víctimas, y cuando la respuesta institucional no alcanza la dimensión del problema, la pregunta cambia de nivel.
Ya no es solo:
¿qué está pasando en México?
Sino:
¿qué tipo de responsabilidad se está configurando?
El derecho internacional a través del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional es claro en algo:
“cuando una conducta es generalizada o sistemática,
cuando se repite en el tiempo,
cuando el Estado, no logra contenerla, investigarla o detenerla eficazmente, el problema deja de ser interno”.
“Y en México, la desaparición de personas ya no puede leerse como hechos aislados”.
Es un fenómeno extendido. Sostenido.
Dolorosamente normalizado.
No hace falta una declaración oficial para entender la gravedad.
Basta con ver el patrón:
• fosas que aparecen en distintos estados
• territorios ya intervenidos donde después, sí hay hallazgos
• colectivos que suplen la función institucional.
Ahí, en esa repetición, es donde se construye algo más peligroso que la negligencia:
“Una forma de tolerancia estructural”.
Porque cuando el Estado no busca con toda su capacidad, cuando no encuentra con todas sus herramientas, cuando permite que otros hagan su trabajo, la omisión deja de ser un error.
Se convierte en señal. Y esa señal ya está siendo observada.
“México no solo enfrenta una crisis de desapariciones”.
“Enfrenta el riesgo de que esa crisis sea leída, desde fuera, como algo más”.
Algo sistemático.
Algo persistente.
Algo que pudo haberse evitado… y no se evitó.
“Mientras tanto, aquí adentro, la escena no cambia:
Las madres siguen escarbando la tierra, y el Estado… sigue explicándose a sí mismo.
Voz En Guardia.
Correo: zapata.nayarit@gmail.com

