Por Carlos Hartig.La dignidad de Santiago Ixcuintla fue subastada en una sesión de Cabildo que pasará a la historia por su cinismo y sumisión. En un acto de entreguismo absoluto, el alcalde Sergio González García (MORENA), junto a la síndico y un bloque de regidores carentes de criterio propio, operaron como simples capataces del Ejecutivo estatal para validar un fondo de pensiones que huele a despojo. Bajo la falsa bandera de combatir «pensiones doradas», la mayoría oficialista —la verdadera clase dorada que cobra sueldos de lujo— asestó una puñalada por la espalda a los maestros y empleados municipales, aprobando una reforma que atenta contra sus ahorros y su futuro.
La dignidad de Santiago Ixcuintla fue subastada en una sesión de Cabildo que pasará a la historia por su cinismo y sumisión. En un acto de entreguismo absoluto, el alcalde Sergio González García (MORENA), junto a la síndico y un bloque de regidores carentes de criterio propio, operaron como simples capataces del Ejecutivo estatal para validar un fondo de pensiones que huele a despojo. Bajo la falsa bandera de combatir «pensiones doradas», la mayoría oficialista —la verdadera clase dorada que cobra sueldos de lujo— asestó una puñalada por la espalda a los maestros y empleados municipales, aprobando una reforma que atenta contra sus ahorros y su futuro.

El regidor Luis Miguel Medina (Movimiento Ciudadano) se alzó como el principal bastión de resistencia en el recinto. Al emitir su voto en contra, Medina no solo rechazó un documento, sino que denunció un fraude legislativo operado desde las sombras. Con claridad meridiana, el regidor señaló que no podía ser cómplice de una reforma que se votó «a ciegas», sin análisis actuariales reales y bajo una presión política que ignora los derechos adquiridos de las familias santiaguenses. Para Medina, el voto de sus homólogos no fue un acto de gobierno, sino un acto de obediencia ciega que deja en la indefensión a quienes sí sudan la camiseta por el municipio.
Desde la trinchera del SUTSEM, la dirigente local Georgina Díaz Ceja ha sido implacable. Su postura refleja la rabia de una base trabajadora que se siente traicionada: «Ningún trabajador de Santiago gana lo que gana el Gobernador o el Presidente Municipal, pero son ellos quienes deciden recortar nuestros derechos», ha sostenido. Díaz Ceja denunció la hipocresía de una administración de MORENA que pregona la justicia social mientras, en la práctica, protege los privilegios de los funcionarios de primer nivel y los diputados, quienes reciben cientos de miles de pesos mientras le regatean el pan a los jubilados.

Es vital que la ciudadanía identifique a quienes, a pesar de la presión, mantuvieron la frente en alto. Junto a la negativa de Luis Miguel Medina (MC), destacó el voto valiente en contra de la regidora Victoria del Rocío Vázquez (Levántate para Nayarit), así como la abstención del regidor Juan Carlos Villanueva (PRI), quien se negó a validar el atropello. Estos tres nombres son los únicos que hoy pueden mirar a los ojos a los trabajadores. El resto del Cabildo, integrado por la aplanadora de MORENA y sus aliados (PVEM y PT), prefirió actuar como títeres del poder estatal, olvidando que su primera obligación es defender la autonomía de Santiago y el bienestar de su gente.
Lo ocurrido no es un trámite administrativo; es una exhibición de desprecio hacia la clase trabajadora. Mientras los regidores oficialistas levantan la mano para quedar bien con el «piso de arriba», han condenado a miles de empleados a una incertidumbre financiera sin precedentes. Es el mundo al revés: la «clase dorada» política legislando para empobrecer al trabajador de base. Este Cabildo, sordo al análisis y ciego ante la realidad social, ha demostrado que su única prioridad es mantener sus cuotas de poder y sus aspiraciones políticas para el futuro, sin importar a quién tengan que pisotear en el camino.
Como bien advirtió el clamor popular: «Nos veremos». Los regidores de la mayoría mecánica y el alcalde Sergio González García deben saber que el poder es transitorio, pero la memoria del pueblo es eterna. Todos ellos pretenden seguir en la política, pero hoy llevan marcada en la frente la etiqueta de la traición. En Santiago Ixcuintla, el trabajador no olvida a quien le roba la tranquilidad de su retiro. La factura de esta sumisión se cobrará en las calles y en las urnas, porque un pueblo que es ignorado por sus representantes, eventualmente, termina por pasárselas al costo.

