Hay traiciones que se firman con la pluma de la cobardía y se pagan con el hambre ajena. Lo ocurrido este 10 de abril en el Cabildo de Ixtlán del Río no fue un ejercicio legislativo, fue una ejecución sumaria de la esperanza de los trabajadores. En un despliegue de cinismo que hiela la sangre, un Alcalde que se dice «del Trabajo» y unas regidoras panistas que se dicen «humanistas», se unieron en un abrazo putrefacto para arrebatarle el pan de la vejez a quienes han sudado la camiseta por este municipio. Que no duerman tranquilos: hoy no sólo votaron un decreto, vendieron su alma al sistema y grabaron sus nombres en el muro de la vergüenza ixtlense. Que el peso de cada familia defraudada les duela hasta el último rincón de su conciencia, si es que les queda alguna.
Por Carlos Hartig.
La sumisión política alcanzó niveles nauseabundos en la última sesión de Cabildo. El Alcalde José Guillermo Ramírez Jiménez, emanado del Partido del Trabajo (PT), encabezó el asalto a la seguridad social de los empleados municipales. Es una paradoja sangrienta: el representante del partido que presume la defensa del proletariado resultó ser el verdugo más eficiente del Congreso del Estado, operando con una frialdad absoluta contra el bienestar de sus propios subordinados.

Sin embargo, el asco social se desborda al mirar hacia las bancadas del Partido Acción Nacional (PAN). Las regidoras Aide Rivera Alvarado y María Paloma Hernández Villagüel abandonaron cualquier rastro de decoro para votar A FAVOR del hachazo a las pensiones. Su traición es doble: traicionaron a los ciudadanos que las eligieron como contrapeso y traicionaron la doctrina de su propio partido. Se convirtieron en las «damas de compañía» de una reforma autoritaria, demostrando que en Ixtlán, el PAN no es oposición, es simplemente un accesorio decorativo del oficialismo que hoy representa MORENA y el PT.
Junto a ellas, las regidoras de MORENA, María Elena Guadalupe Hernández Castañeda y Marisol Pérez Bustamante, levantaron la mano sin el menor asomo de remordimiento, ignorando las miradas de los trabajadores del SUTSEM que, desde las gradas, veían cómo sus representantes les robaban el futuro. Votaron a ciegas, sobre un dictamen que ni siquiera tenían completo en papel, en un acto de negligencia que debería ser motivo de juicio político.
En este pantano de entreguismo, solo los regidores del PRI, José de Jesús Valderrama Pérez y Enrique Rafael Berumen Valderrama, mantuvieron la frente en alto al votar EN CONTRA. Sus voces fueron las únicas que recordaron que un servidor público está para proteger al pueblo, no para ser el mensajero de los recortes del estado.
La infamia se completó con la ausencia de Raúl Godina Velasco (PRI) y Lirio de María Casas Lugo (PAN). En el momento en que se necesitaba valor para defender a Ixtlán, estos ediles prefirieron la sombra y el silencio, una forma cobarde de complicidad que el pueblo sabrá cobrar en las urnas.
Ixtlán del Río no olvida. El Alcalde del PT y las regidoras del PAN han firmado su sentencia política. Hoy pueden celebrar en sus oficinas, pero mañana, cuando caminen por las calles de este municipio, cada mirada de un trabajador será un recordatorio de la dignidad que vendieron por quedar bien con el poder central. ¡Vergüenza histórica para quienes hoy apuñalaron a la clase trabajadora!

