San Blas, Nayarit (RRC): En un típico acto de propaganda gubernamental, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero y su esposa, la doctora Beatriz Estrada Martínez, presidenta del DIF estatal, concluyeron este sábado su gira por San Blas con la supervisión del nuevo Centro de Salud con Servicios Ampliados (CESSA). El mensaje oficial fue el de siempre: inversión de “aproximadamente 80 millones de pesos”, áreas de consulta, laboratorio, urgencias y quirófano, y la promesa de que operará “sin improvisaciones” y con “atención digna”.
Palabras bonitas. Pero la realidad para miles de nayaritas es muy distinta.
Mientras el mandatario posa para las cámaras y cierra su gira con una obra que “entrará en funcionamiento en las próximas semanas”, el sistema de salud estatal sigue colapsado. Desde que Nayarit se sumó al modelo IMSS-Bienestar, los reportes de crisis se han multiplicado: desabasto crónico de medicamentos e insumos básicos, enfermeras que tienen que comprar material de su bolsillo, pacientes que duermen en el piso de los hospitales y comunidades enteras sin atención oportuna.
Denuncias constantes hablan de falta de equipo, recortes presupuestales de hasta el 36% en los últimos años y un servicio que, lejos de fortalecerse, se ha hundido. En hospitales y centros de salud persiste la escasez de insumos esenciales, mientras pacientes renales se quedan sin tratamiento y el personal organiza colectas para poder trabajar.
El gobernador insiste en que “la salud es prioridad” y que este CESSA “transformará la vida de las personas”. Sin embargo, inaugurar o supervisar una obra nueva mientras los centros existentes sufren desabasto y abandono parece más un ejercicio de marketing político que una solución real. ¿De qué sirve un edificio reluciente si luego no hay medicinas, personal suficiente ni mantenimiento?
Navarro Quintero enfatizó que la indicación es “clara”: que el CESSA opere con responsabilidad. La pregunta incómoda es por qué esa misma responsabilidad no se ha visto en el resto del sistema de salud nayarita, donde las quejas diarias de ciudadanos y trabajadores del sector son ignoradas o minimizadas.
Esta supervisión, acompañada por la primera dama del DIF, deja un sabor amargo. En lugar de resolver los problemas estructurales —desabasto, falta de especialistas, infraestructura deteriorada y un modelo IMSS-Bienestar que ha fallado en la práctica—, el gobierno prefiere cortar listones y tomarse fotos con una obra más.
Mientras tanto, las familias de San Blas y de todo Nayarit seguirán esperando no solo un edificio nuevo, sino atención médica real, oportuna y digna. Promesas y recorridos sobran. Resultados concretos, hasta ahora, escasean tanto como los medicamentos en los hospitales del estado.
La salud no se atiende con giras ni con discursos. Se atiende con medicamentos, personal capacitado y un sistema que funcione todos los días, no solo el día de la foto.

