Por Ricardo Reyes.
Con bombo y platillo, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero y su esposa, la presidenta del DIF estatal, Beatriz Estrada Martínez, presumieron la entrega de pantallas, proyectores y material educativo a telesecundarias y telebachilleratos comunitarios, beneficiando supuestamente a más de 12 mil estudiantes con una inversión cercana a los 8 millones de pesos.
La cifra, repartida entre decenas de escuelas dispersas en regiones marginadas del estado, se diluye en una realidad mucho más cruda: un equipamiento insuficiente que llega tarde, en comunidades donde el principal problema no son las pantallas, sino la falta de maestros titulares, conectividad eléctrica estable, internet de calidad y, en muchos casos, hasta edificios dignos.

Mientras el mandatario anunciaba con entusiasmo la “próxima entrega de vehículos para supervisores educativos” y más equipamiento en los meses siguientes, miles de jóvenes nayaritas en zonas serranas y rurales continúan asistiendo a clases en condiciones precarias. Las telesecundarias, históricamente relegadas, enfrentan altos índices de deserción, rezago educativo acumulado y maestros que recorren horas por caminos de terracería para llegar a sus aulas.
Entregar proyectores a escuelas que muchas veces ni siquiera tienen luz confiable o señal de internet parece más un acto de propaganda que una política educativa seria. Ocho millones de pesos suenan a una cantidad respetable, pero divididos entre cientos de planteles resultan en apoyos simbólicos que no resuelven los problemas estructurales del sistema educativo comunitario en Nayarit.

La propia esposa del gobernador habló de “garantizar herramientas adecuadas tanto en salud como en educación”. Sin embargo, en la práctica, estas entregas puntuales contrastan con la persistente queja de docentes y padres de familia sobre la falta de mantenimiento de infraestructura, capacitación real a maestros y una estrategia integral que vaya más allá de la foto del evento.
Anunciar más recursos “en los meses siguientes” se ha vuelto un clásico del discurso oficial: promesas futuras que diluyen la responsabilidad del presente. Mientras tanto, los telebachilleratos comunitarios siguen registrando, año con año, algunos de los peores resultados educativos a nivel nacional, producto de décadas de abandono que este gobierno, como los anteriores, parece contentarse con atenuar con equipamiento mínimo.
La educación en las regiones más pobres de Nayarit merece mucho más que pantallas y discursos. Requiere inversión sostenida, atención real a las condiciones de los docentes y una visión que priorice resultados educativos por encima de las ceremonias de entrega. Por ahora, lo que entregó el gobernador Navarro parece más un paliativo mediático que un verdadero fortalecimiento de la educación comunitaria.

