Por Carlos Hartig.
El sábado pasado, el estado se convirtió en un inmenso cuadrilátero donde el aire olía a sudor, porra y una que otra «zancadilla» política. Sin rastro de la famosa unidad, Geraldine Ponce, Elizabeth López Blanco y Héctor Santana se lanzaron a las cuerdas de manera simultánea en una exhibición de músculo que dejó a los réferis del partido con el ojo cuadrado. No fue una jornada de trabajo, fue una auténtica eliminatoria directa donde cada quien aplicó su mejor llave para demostrar que en la carrera por el 2027, aquí nadie viene a pedir permiso, sino a pedir el voto… ¡o a arrebatarlo!
En la esquina técnica, pero con un «volado de derecha» que retumbó en todo Tuxpan, apareció Geraldine Ponce. Con un juego de pies envidiable y un discurso digno de Rocky Balboa, la alcaldesa con licencia soltó la máxima de la tarde: «En la política, como en el ring, gana el que no se rinde». Geraldine no fue a Tuxpan a tirar jabs de sombra; fue a demostrar que tiene la mandíbula de acero y que, por más que le lluevan ganchos al hígado desde el «fuego amigo», ella sigue de pie y con la guardia arriba, lista para aguantar los 12 rounds que faltan.
Mientras tanto, en la zona de «lucha a ras de lona», Elizabeth López Blanco aplicó una técnica de sumisión en Higuera Blanca, Bahía de Banderas. Ella no buscó los reflectores de la tercera cuerda, sino que se fue directo a las bases con una «llave de nudo ciego» organizativa. Su estrategia es clara: mientras otros se lanzan desde el poste, ella amarra el ring desde abajo con la comunidad organizada. En el paraíso turístico, López Blanco demostró que su estilo es de «sumisión» lenta pero segura, recordándole a sus rivales que para ganar el cinturón, primero hay que tener a los «seconds» de su lado.
¡Pero detengan todo, que en Santiago Ixcuintla sonó la campana de los pesos completos! Héctor Santana se subió al ring y metió a más de 6 mil «espectadores» en un foro que pareció una función estelar en la Arena México. Con el sector ejidal como su «tag team» de lujo, Santana soltó un mamporro de autoridad que se escuchó hasta las oficinas de Tepic. Ver a miles de campesinos coreando su nombre fue un mensaje directo al comisionado: «Mírenme bien, porque yo traigo el peso de la báscula a mi favor». Fue una exhibición de fuerza bruta que dejó a sus oponentes buscando las sales para el susto.
La función del sábado dejó claro que en Morena la «pax política» ya entregó la cabellera. Los tres perfiles se lanzaron al ataque simultáneo, convirtiendo el territorio en una batalla campal donde el que se duerme, amanece con la cuenta de diez encima. La competencia ha pasado de los susurros en los pasillos a una guerra abierta por el aplauso del respetable; Geraldine resiste con estilo, Elizabeth amarra con técnica y Santana aplasta con volumen. Es una combinación explosiva que tiene a la afición morenista al filo de la butaca, esperando a ver quién tira la toalla primero.
A tres meses del «Día D», el cuadrilátero nayarita ya no aguanta una caída más sin límite de tiempo. La decisión del 22 de junio será el veredicto final de esta lucha donde los rudos y los técnicos visten del mismo color, pero se tiran con todo lo que tienen a la mano. La pregunta para el respetable público no es quién tiene el mejor discurso, sino quién llegará con aire al último asalto sin que le «roben la pelea» en los escritorios. ¡Hagan sus apuestas, porque en esta lucha de gigantes, solo uno bajará con el brazo en alto y la candidatura en la bolsa!

