Por Carlos Hartig.
En un golpe de timón que busca sacudir las estructuras financieras tradicionales del norte del estado, el exregidor acaponetense Anuar Karim Abud Espinosa presentó de manera pública las nuevas directrices de la «Propuesta 21/23» contenida en el ambicioso Plan de Trabajo Acaponeta 2027. A través de un contundente posicionamiento en sus canales oficiales, el político y exfuncionario local lanzó una crítica estructural al modelo económico vigente, manifestando de forma tajante que «en Acaponeta necesitamos hacer circular el peso, no las mentiras del presidente en turno». El diagnóstico técnico presentado califica a la economía del municipio como un sistema con «anatomía de colador», donde los flujos financieros que ingresan al territorio se escapan en un lapso menor a las 48 horas hacia los grandes centros urbanos.
De acuerdo con los datos macroeconómicos que sustentan el proyecto, Acaponeta recibe un flujo constante de 5.74 millones de dólares trimestrales por concepto de remesas, además de captar diversas participaciones de los recursos federales y estatales; sin embargo, este capital no logra germinar ni consolidar el desarrollo interno, ya que es absorbido de inmediato por las grandes cadenas comerciales que jamás reinvierten en la región. Al respecto, Abud Espinosa citó los indicadores del Plan Estatal de Desarrollo para evidenciar que la zona norte de Nayarit —integrada de forma conjunta por Acaponeta, Rosamorada, Ruiz y Tuxpan— padece de manera crónica una «pobre inversión en infraestructura, esquemas de aprovechamiento de baja productividad y bajo impacto de las actividades productivas en la economía local», un rezago que condena estructuralmente al municipio a exportar su pobreza en lugar de hacer circular su riqueza.
La propuesta técnica señala que las miles de hectáreas destinadas a la agricultura y la ganadería en la región operan actualmente bajo un modelo puramente extractivo que descapitaliza al productor. El municipio genera anualmente un volumen de producción que supera las 726 mil toneladas de alimentos, destacando productos clave como el mango, el tomate, el maíz y la carne de res; no obstante, esta materia prima se comercializa cruda, provocando que la valoración real y los procesos de industrialización se ejecuten fuera de los límites municipales. El Plan Acaponeta 2027 sostiene que la cifra más alarmante del estancamiento regional no reside en el Producto Interno Bruto (PIB) estatal —que en 2023 representó apenas el 0.71 % del total nacional—, sino en la baja velocidad con la que el dinero se transa internamente, funcionando como un visitante fugaz que solo pasa por las manos locales el jueves de la quincena antes de terminar en cuentas bancarias foráneas.
Para corregir esta alarmante asimetría fiscal, las nuevas directrices del plan contemplan una intervención inmediata y punitiva sobre el presupuesto público del Ayuntamiento, proyectado en más de 211 millones de pesos para el ejercicio fiscal 2025. La primera medida de la estrategia exige sanear de manera rigurosa la nómina de la administración municipal, de modo que cada recurso financiero que deje de perderse en plazas burocráticas e improductivas sea reorientado de inmediato hacia la compra pública local. Según el documento, el gasto institucional del gobierno municipal debe dejar de funcionar de manera definitiva como un tubo de succión que beneficia a proveedores externos, transformándose en la principal herramienta de inyección económica para reactivar los comercios y talleres de la demarcación.
El segundo eje operativo de esta reingeniería financiera consiste en implementar un modelo de compra pública inteligente mediante la segmentación del gasto gubernamental en lotes pequeños y totalmente asequibles. Esta política de vanguardia busca democratizar el acceso al mercado gubernamental, permitiendo de manera directa que los micronegocios, talleres familiares, productores agrícolas y artesanos de Acaponeta compitan eficazmente para convertirse en proveedores oficiales del municipio. Abud Espinosa explicó que el efecto multiplicador de esta medida es inmediato y visible en el tejido social, argumentando que un peso invertido en un carpintero local se traduce sucesivamente en salarios y consumo en la tortillería de la colonia, mientras que el capital destinado a empresas foráneas se evapora de la economía local sin generar ningún valor de retorno.
Asimismo, el Plan de Trabajo 2027 promueve de forma prioritaria la asociatividad y la organización de los productores en cooperativas de segundo y tercer grado a nivel regional para blindarlos frente al mercado. Esta alianza estratégica entre Acaponeta, Rosamorada, Ruiz y Tuxpan busca dotar a los agricultores de las capacidades necesarias para romper el control de los «coyotes» e intermediarios, permitiéndoles acceder a créditos y negociar mejores precios en los mercados nacionales. El proyecto subraya la urgencia de retener la primera y segunda etapa de transformación industrial dentro de la zona de origen, abriendo canales para la elaboración de conservas de frutas, empaquetado de miel regional con sello de origen y procesamiento de cárnicos artesanales, logrando retener el flujo monetario entre 24 y 48 horas adicionales en el comercio interno.
El esquema propuesto aborda con crudeza la problemática del empleo y el arraigo del talento humano en un contexto estatal donde la informalidad laboral alcanza un preocupante 58.9 %, con remuneraciones mensuales que en el sector informal apenas alcanzan los 7,050 pesos. Frente a una oferta educativa local tradicionalmente concentrada en ramas docentes y administrativas, el plan busca diversificar las capacidades locales hacia la gestión empresarial y la creación de pequeñas y medianas empresas comerciales e industriales capaces de absorber el capital profesional egresado. Al generar opciones competitivas de empleo formal en el territorio, se pretende frenar la migración forzada de contadores, maestros y técnicos hacia el estado de Jalisco o hacia las zonas metropolitanas del país.
Finalmente, el exregidor enmarcó este conjunto de reformas socioeconómicas de gran calado dentro de una plataforma política más amplia denominada «El Pueblo en el Poder». Abud Espinosa definió este movimiento como un espacio plural, incluyente y democrático que agrupa a distintas expresiones ideológicas de la sociedad civil bajo los principios normativos de no robar, no mentir y gobernar con estricto sentido del servicio público. La propuesta concluye de forma tajante que la solución de fondo al rezago del norte de Nayarit no depende de limosnas, discursos triunfalistas ni de megaproyectos de corte electoral, sino de una organización interna eficiente que reconozca al productor rural como un agente económico con dignidad, garantizando que el presupuesto de Acaponeta funcione, finalmente, como una semilla para el desarrollo autónomo de su gente.

