Tepic, Nayarit (RRC): En un acto de relumbrón más propio de una campaña permanente que de una gestión seria, la presidenta municipal Geraldine Ponce encabezó este fin de semana el arranque de operaciones del nuevo relleno sanitario “La Villita”, mientras repartía reconocimientos a los trabajadores de Aseo Público. El mensaje oficial: “nueva etapa” para la ciudad. La realidad: años de ineficiencia, incendios recurrentes y una saturación que los tepicenses han padecido en carne propia.
Mientras la alcaldesa elogiaba el “esfuerzo y compromiso” de los trabajadores —a quienes calificó de ejemplo de “servicio, disciplina y amor por Tepic”—, omitió convenientemente que esos mismos empleados han cargado durante años con un sistema de basura colapsado, heredado y agravado bajo su administración. El Iztete, ese tiradero a cielo abierto que se incendia con preocupante frecuencia, ha sido la vergüenza sanitaria de la capital nayarita. Incendios que se repiten no por mala suerte, sino por sobrecarga crónica, falta de mantenimiento y una gestión deficiente de residuos.
Anunciada desde hace años, la obra acumuló retrasos evidentes. En enero de 2026 todavía no había fecha clara de arranque; ahora, tras otro incendio en El Iztete que requirió días de trabajo y decenas de elementos, aparece como salvación de último minuto. ¿Coincidencia? Más bien, la consecuencia previsible de haber mantenido operativo un sitio saturado mientras se resolvían “trámites” y acondicionamientos. Los tepicenses respiraron humo tóxico y soportaron riesgos ambientales innecesarios durante todo ese tiempo.
Anunciada desde hace años, la obra acumuló retrasos evidentes. En enero de 2026 todavía no había fecha clara de arranque; ahora, tras otro incendio en El Iztete que requirió días de trabajo y decenas de elementos, aparece como salvación de último minuto. ¿Coincidencia? Más bien, la consecuencia previsible de haber mantenido operativo un sitio saturado mientras se resolvían “trámites” y acondicionamientos. Los tepicenses respiraron humo tóxico y soportaron riesgos ambientales innecesarios durante todo ese tiempo.
El reconocimiento a los trabajadores suena hueco cuando proviene de una autoridad que ha tardado tanto en darles condiciones dignas de operación. En lugar de un sistema moderno y preventivo desde el principio, se optó por parches y discursos. Ahora, con “La Villita” en marcha, se venden como visionarios quienes dejaron que el problema escalara hasta el límite.
Geraldine Ponce habla de “amor por Tepic”, pero el manejo de la basura revela más bien desdén por la salud pública y el medio ambiente. Los incendios en El Iztete no fueron accidentes aislados; fueron síntomas de una mala planeación que se arrastró demasiado. Los aplausos de hoy no borran los meses —o años— de olores, humo y negligencia que los colonos cercanos han tenido que tolerar.
Mientras la alcaldesa posa para la foto con el nuevo relleno, queda la duda de fondo: ¿realmente “La Villita” cumplirá con los estándares ambientales prometidos o solo será el siguiente capítulo de la misma historia? Tepic merece mucho más que inauguraciones oportunistas y reconocimientos tardíos. Merece una gestión que resuelva problemas antes de que se conviertan en emergencias recurrentes. Por ahora, la basura sigue siendo un tema candente… literalmente.

