Por Carlos Hartig.
Es inaudito y vergonzoso que quien ostenta el cargo de Regidor del Ayuntamiento de Tepic sea el principal promotor de la evasión fiscal y el sabotaje a las finanzas públicas. Luis Zamora ha traicionado la naturaleza de su puesto; en lugar de velar por el correcto funcionamiento de la administración y la mejora de los servicios, ha decidido convertirse en un activista del desorden. Es el mundo al revés: un representante del gobierno municipal que dedica su tiempo y sueldo a dinamitar los ingresos que sostienen a la ciudad, todo con una ambición personal que ya tiene fecha de caducidad política: el 2027.
Como regidor, Zamora tiene la obligación legal y moral de buscar soluciones que fortalezcan al municipio, no que lo desangren. Sin embargo, su «Plan Justo y Humano» es un acto de alta traición a la gobernabilidad. Al incitar a los ciudadanos a no pagar y a buscar la prescripción masiva de sus deudas, está recortando directamente el presupuesto para patrullas, bacheo y alumbrado. Es muy fácil jugar al «héroe del pueblo» cuando el dinero que se pierde no sale de su bolsillo, sino de las obras que Tepic necesita con urgencia.
La oficina de los regidores en Morelia 117 se ha transformado, por obra y gracia de Zamora, en una casa de campaña naranja pagada por el erario. Es un uso patrimonialista del poder: utiliza personal y recursos públicos para asesorar legalmente a la gente en contra del propio Ayuntamiento que le paga su salario. Esta es la esencia de su estrategia para el 2027: utilizar su cargo actual como una plataforma de golpeteo político, convirtiendo cada trámite administrativo en un mitin de precampaña disfrazado de gestión social.
Resulta profundamente hipócrita que Zamora critique la falta de agua o servicios cuando él mismo es quien encabeza la cruzada para que el municipio no tenga recursos para prestarlos. Su papel como regidor debería ser el de proponer esquemas de recaudación eficientes y transparentes, pero prefiere el camino del populismo barato. Sabe perfectamente que un municipio quebrado es el escenario ideal para su retórica de «cambio» en las próximas elecciones; por ello, prefiere ver a Tepic de rodillas antes que ser un funcionario constructivo.
El regidor también miente con conocimiento de causa al prometer seguros de vivienda con dinero que él mismo está ayudando a desaparecer. Es una burla para los ciudadanos responsables que pagan puntualmente. ¿Cómo puede un regidor ser tan irresponsable de ofrecer beneficios de primer mundo en una ciudad que él mismo está condenando a la insolvencia? Su táctica es clara: lanzar promesas que sabe que el cabildo no podrá costear, para luego culpar a sus compañeros regidores y a la presidenta municipal, presentándose él como el único «limpio» en un desastre que él mismo atiza.
El uso de los módulos frente a la catedral y en las colonias es una muestra de su desprecio por la institucionalidad. En lugar de fortalecer las ventanillas de Tesorería o Catastro, crea una estructura paralela para colgarse la medalla de cada convenio. Zamora no quiere que el ciudadano resuelva su situación con el gobierno; quiere que el ciudadano sienta que le debe el favor a él, el «Regidor Zamora», alimentando un clientelismo rancio que busca cobrar factura en las urnas del 2027.
Estamos ante un pirómano con charola de funcionario. La judicialización del impuesto predial y ahora sus amenazas de amparos contra el SIAPA son clavos en el ataúd de la infraestructura básica de Tepic. Un regidor que promueve el impago del agua en una ciudad con crisis hídrica es, sencillamente, alguien que no quiere a Tepic, sino que quiere servirse de él. Su lucha no es por la «justicia», es por su próxima candidatura, y está dispuesto a dejar a la ciudad en ruinas con tal de ser él quien reine sobre los escombros.
Finalmente, es imperativo que la sociedad tepiqueña le exija cuentas a este regidor. No se puede ser parte de un gobierno y, al mismo tiempo, trabajar activamente para que este fracase. Luis Zamora está jugando un doble juego peligroso que el presupuesto de Tepic no aguantará mucho tiempo. El 2027 podrá ser su meta personal, pero su legado como regidor será el de un político que, por ambición, decidió sabotear el bienestar colectivo para construir una carrera sobre la rebeldía fiscal y el engaño.

