Tepic, Nayarit (RRC): La presidenta municipal Geraldine Ponce anunció que el nuevo relleno sanitario “La Villita” ya comenzó a recibir las rutas de Aseo Público, presentándolo como la solución definitiva al caos de residuos en la ciudad. Sin embargo, el anuncio ha sido recibido con escepticismo por ambientalistas, vecinos y especialistas, quienes cuestionan la viabilidad real del proyecto y denuncian falta de transparencia.
El predio, de apenas 6 hectáreas, ubicado entre el libramiento norte y la carretera federal 15, se pretende usar para depositar alrededor de 500 toneladas diarias de residuos que genera Tepic. Esta superficie resulta claramente insuficiente según estándares técnicos para un relleno de las dimensiones requeridas.
De acuerdo con la NOM-083-SEMARNAT-2003, Tepic corresponde a un sitio Tipo A (más de 100 toneladas diarias), que exige estrictos requerimientos de compactación (superior a 600 kg/m³), control riguroso de lixiviados, manejo de biogás, monitoreo ambiental continuo y mayor infraestructura. Especialistas advierten que con solo 6 hectáreas, “La Villita” tendrá una vida útil muy corta, lo que podría derivar en nuevas ampliaciones o contratos millonarios a corto plazo.
Mientras el gobierno municipal celebra el arranque, el histórico tiradero a cielo abierto de El Iztete —saturado desde hace más de una década— sigue recibiendo basura y provocando incendios recurrentes que liberan humo tóxico, afectan la salud de miles de tepicenses y han provocado suspensiones escolares y quejas constantes por enfermedades respiratorias.
Uno de los puntos más controvertidos es el esquema de asociación público-privada impulsado para la operación del sitio por hasta 25 años. El proceso se ha manejado con escasa información pública, sin que el ayuntamiento haya transparentado los términos del contrato, los costos reales para el municipio ni los posibles beneficiarios privados.
Hasta ahora, no se han presentado auditorías independientes ni estudios de impacto ambiental actualizados que garanticen el cumplimiento cabal de la NOM-083. Esto genera sospechas de que se priorice el interés privado sobre la salud pública y el medio ambiente.
El anuncio llega tras años de promesas incumplidas y retrasos injustificados. En enero de 2026 aún no había fecha de operación, a pesar de que la obra física estaba prácticamente lista desde meses atrás. La prisa actual parece más dirigida a mejorar la imagen de la administración que a resolver de fondo un problema que ha envenenado el aire de Tepic durante demasiado tiempo.
Organizaciones ambientales y colonos exigen el cierre inmediato y remediación real de El Iztete, junto con políticas serias de separación, reciclaje y reducción de residuos, algo que brilla por su ausencia en la gestión actual.
Los tepicenses, que han respirado humo tóxico y vivido la emergencia ambiental por años, merecen más que comunicados triunfalistas. “La Villita” llega rodeada de cuestionamientos: ¿realmente cumple con la norma? ¿Cuánto durará realmente? ¿A quién beneficia el contrato?
La verdadera prueba no estará en las declaraciones oficiales, sino en la calidad del aire que respiran los ciudadanos y en si, por fin, se cierra el foco de contaminación que representa El Iztete. Por lo pronto, el escepticismo prevalece.

