Por Carlos Hartig.
En un despliegue de cinismo administrativo que ha dejado boquiabiertos a los ciudadanos de Nayarit, la administración de Bahía de Banderas ha confirmado que el servicio público es, para algunos, un simple accesorio de moda. Mientras el municipio enfrenta retos estructurales y una competencia turística feroz, la titular de Turismo, Francia Montserrat Cortés Sandoval, ha decidido que su verdadera «vocación» no está en la gestión de proyectos, sino en las pasarelas. La solicitud de una licencia sin goce de sueldo para perseguir una corona de belleza no es solo una falta de respeto al cargo, sino una bofetada a la confianza de quienes esperan resultados de una de las dependencias más cruciales para la economía local.
La indignación cobra forma legal en la “Trigésima Sesión Extraordinaria” celebrada este martes 12 de mayo de 2026. En el punto número 6 de la Orden del Día, se lee con claridad el permiso solicitado por la funcionaria para separarse de su cargo. Resulta inaudito que, en plena recuperación de sectores clave, la persona encargada de vender el destino al mundo decida «pausar» sus responsabilidades para atender un certamen. Esta decisión deja a la Dirección de Turismo acéfala y a la deriva, demostrando que para la Licenciada Cortés Sandoval, el bienestar de Bahía de Banderas es un tema secundario frente a sus ambiciones personales de fama y estética.
Sin embargo, el vacío de poder no es responsabilidad exclusiva de la funcionaria; la sombra del Presidente Municipal proyecta una complicidad alarmante. Al avalar este tipo de peticiones frívolas, el alcalde demuestra una debilidad institucional preocupante y una falta de criterio para elegir a su gabinete. ¿Qué mensaje se envía a los inversionistas y al sector hotelero cuando el líder del ayuntamiento permite que sus directores abandonen el barco por un concurso de belleza? La gestión municipal se ha convertido en una plataforma de lucimiento personal bajo la mirada complaciente de una presidencia que parece priorizar los «likes» y las fotos sobre las políticas públicas serias.
La ironía de la Sesión Extraordinaria es casi poética y profundamente triste. Mientras en el punto 6 se gestionaba el permiso para la pasarela de la directora, en el punto 7 las comisiones unidas de Seguridad Pública y Tránsito intentaban reformar el Reglamento de Justicia Cívica en materia de “Órdenes de Protección a las Mujeres Víctimas de Violencia”. Es un contraste insultante: en el mismo salón donde se discute la integridad y la vida de las mujeres de Nayarit, se autoriza que una servidora pública use su posición como trampolín de vanidad. La política en Bahía de Banderas parece haber perdido la brújula ética, mezclando temas de vida o muerte con la frivolidad de un certamen.
Bahía de Banderas no es una pasarela, es un municipio con carencias, con una zona rural que exige atención y una franja turística que requiere estrategia profesional, no una cara bonita de «tiempo parcial». El hecho de que la licencia sea «sin goce de sueldo» no disminuye el daño; el costo de oportunidad, el freno a los proyectos iniciados y la distracción mediática son pérdidas que el erario y el progreso de Nayarit no deberían absorber. Un funcionario de alto nivel debe estar comprometido las 24 horas del día, los 365 días del año, o simplemente no debe ocupar el puesto.
Finalmente, este episodio quedará marcado como el momento en que la administración municipal de Bahía de Banderas se convirtió en el hazmerreír del estado. Si la Licenciada Cortés Sandoval desea ser reina de belleza, está en su derecho, pero su renuncia debería ser definitiva y no una licencia cómoda para regresar si la corona se le escapa. Nayarit no merece gobiernos de «mientras tanto», ni presidentes que solapen la falta de profesionalismo. Es hora de que las autoridades entiendan que el ayuntamiento es una institución de servicio, no una agencia de modelos.

