Por Ricardo Reyes.
En una versión tropicalizada del universo de plástico, Geraldine Ponce parece haber encontrado la fórmula perfecta: sonreír, posar y asumir que gobernar es una extensión del set de una casa de muñecas. Porque, al parecer, en esta historia no hubo casting… solo vitrina.
En el imaginario colectivo que hoy circula entre críticas y memes, la alcaldesa se ha ganado el mote de la “Barbie Política”, una figura que —según sus detractores— llegó a las cúpulas del poder más por estética que por estructura. Y es que, mientras Tepic enfrenta problemas reales como servicios públicos deficientes, inseguridad y falta de planeación urbana, la narrativa oficial parece girar más en torno a la imagen que a los resultados.
La sátira no perdona: hay quienes aseguran que el “gobierno rosa” funciona con accesorios incluidos —eventos cuidadosamente montados, discursos de escaparate y una agenda donde la prioridad parece ser el reflector antes que la rendición de cuentas. En este guion, la política deja de ser una herramienta de transformación para convertirse en un desfile de apariencias.
Críticos locales señalan que la gestión de Ponce ha privilegiado la forma sobre el fondo, como si bastara con “verse bien” para que la ciudad funcione. “No es lo mismo posar que gobernar”, dicen voces inconformes que cuestionan si detrás del empaque existe realmente una estrategia sólida de gobierno o solo un personaje bien construido.
Mientras tanto, la ciudadanía observa entre el desconcierto y la ironía. Porque si algo ha dejado claro esta historia es que, en Tepic, la política también puede parecer un juguete… hasta que se rompe.
Y entonces, ya no hay filtro que lo arregle.

