Por Carlos Hartig.
Mientras que la Lic. Rubicela Nava Núñez, titular de la Secretaría del Trabajo y Justicia Laboral de Nayarit (SETRA), intenta posicionar un discurso triunfalista basado en el 2.4% de desempleo reportado por el INEGI, la realidad estructural del estado revela una maquinaria de simulación gubernamental. Esta cifra, que en el papel sitúa a la entidad por debajo de la media nacional del 2.7%, es en realidad un indicador de alarma: en Nayarit, la población no se queda desempleada porque no pueda, sino porque el hambre no se lo permite. La ausencia de seguros de desempleo y la nula gestión de la SETRA para crear redes de protección social obligan a miles de ciudadanos a refugiarse en el subempleo, inflando artificialmente los números de «ocupación» que la funcionaria presume en sus boletines oficiales.
La administración de Nava Núñez ha claudicado en su responsabilidad de supervisar la Tasa de Informalidad Laboral (TIL), que ha escalado hasta un vergonzoso 58.9%. Este dato, extraído de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2026, confirma que Nayarit es un territorio donde la ley laboral es una sugerencia y no un mandato. Al superar por casi cinco puntos el promedio nacional de la STPS, el estado se consolida como un refugio de la precariedad. La SETRA ha permitido que seis de cada diez trabajadores carezcan de prestaciones básicas, condenando a la clase obrera a una vejez de pobreza extrema bajo el silencio cómplice de una oficina que parece más una agencia de relaciones públicas que una autoridad de vigilancia.

El contraste con los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es demoledor y desenmascara la narrativa oficial de la SETRA. Mientras el gobierno estatal presume un dinamismo inexistente, las cifras de trabajadores asegurados muestran un estancamiento crítico: Nayarit aporta apenas el 0.8% del total de empleos formales en México. La brecha entre los «ocupados» del INEGI y los «asegurados» del IMSS revela que más de 310 mil nayaritas están en el limbo legal, trabajando en unidades económicas que no los registran, evadiendo cuotas patronales y privándolos de servicios de salud esenciales, todo ante la incapacidad inspectora de la dependencia encabezada por Rubicela Nava.
El mapa del desempleo por municipio desnuda una desigualdad territorial que la SETRA ha sido incapaz de mitigar. En Tepic, la parálisis administrativa se refleja en una tasa de desocupación del 3.2%, afectando principalmente a jóvenes profesionales que no encuentran espacios dignos. En contraste, municipios como Santiago Ixcuintla (2.9%) y San Blas (2.6%) sobreviven en un ciclo de empleo estacional donde el trabajador es desechable al término de la zafra. La falta de una política de diversificación industrial mantiene a municipios como Huajicori y La Yesca en un rezago histórico, donde la única opción laboral es la informalidad o la migración forzada ante la nula oferta de la secretaría estatal.
Desde las aulas de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), la academia ha lanzado advertencias severas que la SETRA prefiere ignorar: el estado padece una «anemia de talento». Los diagnósticos de la UAN señalan que la brecha entre la oferta educativa y la demanda laboral es un abismo que el gobierno de Nava Núñez no intenta cerrar. Mientras la secretaría se limita a organizar «ferias del empleo» con vacantes de salarios mínimos, los mejores promedios de la entidad huyen hacia Querétaro o Nuevo León. Esta fuga de cerebros es el testimonio más fiel del fracaso de una política laboral que no sabe atraer inversiones de alto valor agregado, prefiriendo la mano de obra barata.
A nivel internacional, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha puesto el dedo en la llaga sobre la calidad del empleo en la región. Con una Tasa de Subocupación del 9.2%, muy por encima del 8.1% nacional, Nayarit es un ejemplo de lo que la OIT denomina «trabajo precario». Esto significa que casi el 10% de los nayaritas ocupados tienen la necesidad de trabajar más horas porque sus ingresos actuales no cubren el costo de la canasta básica. La SETRA, en lugar de incentivar mejores salarios, observa pasivamente cómo el poder adquisitivo se pulveriza, ignorando los convenios internacionales sobre Trabajo Decente que el estado ignora sistemáticamente.
En el motor económico de la entidad, Bahía de Banderas, el panorama es aún más oscuro detrás de los resorts de lujo. Bajo un desempleo técnico del 1.8%, se esconde un ecosistema de subcontratación y fraude laboral que la Lic. Rubicela Nava se niega a inspeccionar con rigor. Informes de la STPS federal sugieren que en esta zona se violan sistemáticamente los topes de horas extra y las condiciones de seguridad. La dependencia estatal parece haber entregado la soberanía laboral a las grandes cadenas hoteleras, permitiendo esquemas que evaden la seguridad social y mantienen a los trabajadores en una rotación constante para evitar que generen antigüedad.
La brecha de género es otra herida abierta que la SETRA no ha sabido sanar. En Nayarit, las mujeres enfrentan una doble barrera: tasas de informalidad superiores a las de los hombres en sectores como el comercio y el servicio doméstico, y una brecha salarial que llega a ser del 20% en zonas rurales. La ausencia de programas estatales de guarderías para madres trabajadoras y la falta de incentivos para la contratación formal femenina demuestran que la gestión de Nava Núñez opera bajo una visión obsoleta, donde la mujer es relegada a los peldaños más bajos y menos protegidos de la escala económica estatal.
La falta de coordinación con el IMSS para detectar patrones evasores es una negligencia recurrente en la actual gestión. Mientras otras entidades firman convenios para cruzar datos y obligar a las empresas a formalizar a sus plantillas, en Nayarit la Secretaría del Trabajo se mantiene en una burbuja de complacencia. No se realizan auditorías laborales conjuntas de impacto real, lo que permite que empresas del sector servicios y agroindustrial sigan operando «en negro», privando al IMSS de los recursos necesarios para mejorar sus clínicas en el estado, lo que agrava la crisis de salud pública que padecen los mismos trabajadores nayaritas.
Finalmente, la gestión de Rubicela Nava Núñez se sostiene sobre un andamiaje de mentiras estadísticas que no resisten un análisis profundo. No se puede hablar de éxito laboral cuando la deuda histórica con el trabajador informal sigue creciendo y la inspección del trabajo es una oficina de adorno. El estado no necesita funcionarios que aplaudan las gráficas de desempleo bajo; necesita una autoridad que reconozca que el mercado laboral nayarita está roto. Es hora de que la SETRA deje de maquillar la precariedad y comience a trabajar para que el empleo en Nayarit deje de ser un acto de supervivencia y se convierta en un derecho digno.
FUENTE: INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2026, Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) Federal, Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Organización Internacional del Trabajo (OIT)

