Por Ricardo Reyes.
En medio de la crisis de desapariciones y violencia que azota al estado, el gobernador Miguel Ángel Navarro decidió celebrar como gran logro la instalación de una patética subsede de atención a víctimas en Bahía de Banderas. Según su Comisionado Arturo Gerardo García Álvarez, esta oficina regional es prueba de la supuesta “política de cercanía” del mandatario nayarita. Cercanía que, en la práctica, se reduce a inaugurar un escritorio lejano mientras las familias destrozadas siguen solas frente al horror.
Navarro, que tanto presume de estar cerca del pueblo, ha demostrado una vez más su distancia abismal con el dolor real de las víctimas. En lugar de enfrentar con decisión la ola de desapariciones forzadas, feminicidios y homicidios que ensangrientan Nayarit, prefiere recortar cintas y enviar a su comisionado a presumir una ventanilla más. Una subsede que llega tarde, con recursos dudosos y que no resuelve absolutamente nada para las miles de familias que han perdido a sus seres queridos bajo su gobierno.
El cinismo alcanza niveles repugnantes cuando el funcionario de Navarro asegura que las Madres Buscadoras “reconocen” esta supuesta atención. ¿Reconocer qué? ¿El abandono disfrazado de oficina? ¿La burocracia que sigue obligando a las madres a recorrer kilómetros con el corazón roto? Mientras Navarro se fotografía en eventos y presume “política de cercanía”, las Madres Buscadoras continúan cavando con sus propias manos en busca de sus hijos, porque el Estado que él encabeza les ha fallado de forma miserable y sistemática.
Lo más indignante es la negación que proviene directamente de la narrativa del gobernador: el comisionado, actuando como vocero de Navarro, declaró que “no tiene conocimiento” de persecuciones recientes contra las Madres Buscadoras por parte del crimen organizado. ¿Cómo es posible que el gobernador de Nayarit, a través de su comisionado, admita semejante ignorancia o indiferencia? Es la prueba irrefutable de que bajo el mando de Miguel Ángel Navarro, las activistas que exigen justicia siguen expuestas, amenazadas y sin protección real. Su gobierno no protege a las víctimas, las deja solas frente al narco.
Navarro también permite que su administración se autoelogie diciendo que Nayarit tiene “índices favorables” de seguridad a nivel nacional. Una mentira descarada que insulta la memoria de cada persona desaparecida y asesinada durante su gestión. Mientras él presume cifras maquilladas, las fosas clandestinas siguen apareciendo y las familias claman por respuestas que nunca llegan. Su “política de cercanía” se ha convertido en una farsa grotesca: cerca para las fotos, lejos para la justicia.
Esta subsede en Bahía de Banderas no es un avance. Es la evidencia clara del fracaso de Miguel Ángel Navarro. Un gobernador que prefiere simular soluciones cosméticas antes que asumir su responsabilidad por la violencia descontrolada que vive el estado. Un mandatario que celebra un escritorio mientras las madres lloran a sus hijos desaparecidos.
Las víctimas de Nayarit no necesitan más inauguraciones vacías de Navarro.
Necesitan un gobernador que deje de esconderse detrás de comunicados triunfalistas.
Necesitan verdad, justicia y protección real.
Por ahora, solo reciben migajas institucionales y discursos huecos de un gobierno que ha demostrado, una vez más, su absoluta incapacidad y su profundo desprecio por el sufrimiento de su pueblo.

