Mientras los nayaritas sudan la gota gorda para subsistir, el diputado Jorge «Fugio» Ortiz ha perfeccionado el arte de saquear al erario sin siquiera abrir los ojos. Este «baquetonazo» profesional, que ha transmutado su curul en una suite de descanso personal, ahora pretende saltar del letargo legislativo a la gubernatura de Nayarit para el 2027. Su estratagema es colarse en la encuesta de Morena para administrar los millonarios recursos de una campaña que le asegure otros seis años de vida parasitaria y sueños de opio presupuestal.
Por Carlos Hartig.
Hay políticos sinvergüenzas, y luego está Jorge «Fugio» Ortiz, el «falso jardinero» del PT que no ha sembrado más que indignación y babas en el Congreso de la Unión. Este abogado de formación y «exboxeador» factura 120 mil pesos mensuales, a los que suma jugosas dietas y una opaca «gestión social» mientras parece estar permanentemente noqueado por la modorra. Su paso por la LXVI Legislatura es un desierto de resultados: su labor se resume en un puñado de intervenciones donde el único impacto real es el eco de sus ronquidos en el recinto, representando a un Distrito 3 que solo ve en el mapa antes de irse a dormir.

La evidencia de su descaro es gráfica y grotesca: las fotos de Fugio desparramado en su asiento, con el rostro desencajado por el sueño profundo mientras se deciden presupuestos vitales, ya son parte de la «antología del cinismo». Dicen en los pasillos de San Lázaro que es el único legislador que realmente «persigue sus sueños», pero lo hace literalmente en la fase REM de una sesión plenaria. Sin embargo, para los negocios anda bien despierto; los datos del SIL lo exhiben como un escapista profesional que abusa de las licencias temporales para huir del trabajo legislativo, pero que jamás falta a la ventanilla de cobro cada quincena.
El cinismo alcanzó su punto de ebullición ahora que este «parásito del presupuesto» ha decidido que su próxima ciénaga será la Casa de Gobierno en 2027. En un acto de audacia vomitivo, ha sido incluido oficialmente en la baraja para la gubernatura. Ver a Fugio sonreír junto a la dirigencia nacional es el insulto final a la inteligencia ciudadana: es el vividor saliendo de su letargo para ver qué más puede morder del erario. No busca rescatar a Nayarit de la pobreza; busca el control de las prerrogativas electorales para seguir viviendo como rey sin siquiera peinarse.
En el Palacio Legislativo, su «trabajo» es una mancha de café y deshonor. Aunque presume ser integrante de comisiones clave como Presupuesto y Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación, su productividad es un mito urbano. Mientras las familias de Nayarit exigen seguridad y empleo, su representante federal prefiere soñar con un futuro donde el dinero siga fluyendo por inercia hacia sus bolsillos sin necesidad de levantar un dedo. Es la máxima contradicción del PT: un partido que invoca al «trabajo» pero mantiene a un «baquetonazo» con una evidente alergia al esfuerzo físico y mental.
El desprecio de este legislador por Nayarit es proporcional al tamaño de su desfachatez. Mientras él se acomoda para echarse otra pestañita de alto costo pagada por los impuestos del contribuyente, el estado sufre el vacío de un representante que prefiere la hamaca de oro a la tribuna. Su aspiración a gobernador no es una carrera política legítima, es una operación de asalto legalizado al fondo de campañas para no trabajar un solo día en los próximos seis años.
La ciudadanía consciente ya no tolera a este vividor que solo es noticia por su legendaria e incurable flojera. México ya despertó y cada imagen de Fugio roncando es un clavo más en el ataúd de su credibilidad política. Es hora de pasarle la factura a este monumento a la «baquetonada» y recordarle que el servicio público no es su dormitorio personal. ¡Despierte de una vez, diputado, que la fiesta a costillas de la gente se acabó y Nayarit no está para financiarle sus sueños de opio ni su vergonzosa cama de oro!

