Por Ricardo Reyes.
Una vez más, el regidor Óscar Medina (demarcación 5) recurrió a las redes sociales para celebrar un “trabajo en equipo que da resultados” tras el envío de una pipa de agua a la comunidad de Cerrito de Juárez, a petición de sus vecinos.
Lo que Medina presenta como un logro concreto no es más que el síntoma de un problema estructural que su administración y la de la presidenta municipal Geraldine Ponce no han logrado resolver en años: la falta de agua potable regular en la capital nayarita.
En el texto publicado, Medina agradece al “líder social” Víctor Carrillo por gestionar “constantemente” en beneficio de la comunidad —incluyendo la entrega de despensas— y reconoce la “pronta atención” del Ing. Misael Álvarez, director de SIAPA Tepic, así como el “liderazgo cercano a la gente” de Geraldine Ponce. El cierre, previsible: “Seguimos trabajando en equipo por el bienestar de Tepic”.
Sin embargo, detrás de las palmaditas en la espalda y los emojis de aplauso se esconde una realidad mucho menos fotogénica. El envío de pipas se ha convertido en una práctica recurrente y casi rutinaria en varias colonias de Tepic, lo que evidencia que el sistema de distribución de agua operado por el SIAPA sigue fallando de manera sistemática. En lugar de obras de fondo que garanticen el suministro permanente, el gobierno municipal opta por soluciones temporales y mediáticas que generan buenas imágenes en redes, pero dejan intacto el problema de fondo: tuberías obsoletas, fugas millonarias, falta de mantenimiento y una deuda histórica que sigue lastrando al organismo.
Óscar Medina, quien ya ocupó cargos relevantes en la administración municipal (incluyendo la dirección de Servicios Públicos y una etapa previa en el SIAPA), acumula un historial marcado por críticas de regidores de distintos partidos por su manejo prepotente, retrasos en obras y falta de respuesta efectiva a las demandas ciudadanas. Ahora, como regidor, parece más enfocado en construir narrativa de “equipo ganador” que en exigir cuentas reales sobre por qué, en pleno 2026, todavía hay comunidades en la capital que dependen de pipas para cubrir una necesidad básica.
El agradecimiento al líder social Víctor Carrillo también resulta revelador: cuando los funcionarios necesitan intermediarios para “gestionar” despensas y pipas, queda claro que la atención directa a la ciudadanía brilla por su ausencia. Lejos de ser un ejemplo de compromiso, esta dinámica refleja la dependencia de redes clientelares para mantener la imagen de gobernanza “cercana a la gente”.
Mientras Geraldine Ponce es presentada una y otra vez como la alcaldesa “que da resultados con acciones concretas”, la realidad cotidiana de muchos tepicense es otra: cortes frecuentes de agua, presión insuficiente y la humillación de tener que esperar una pipa que, al final del día, solo alivia temporalmente lo que debería ser un servicio público garantizado.
El “trabajo en equipo” que tanto presume Óscar Medina parece más bien un ejercicio de autoelogio colectivo para disimular ineficiencias, falta de planeación y resultados mediocres en un tema tan sensible como el agua. Mientras sigan celebrando pipas como victorias, Tepic seguirá padeciendo la misma sed de siempre.

