Por Carlos Hartig.
El icónico azul del Pacífico y la claridad de la Sierra Madre han desaparecido. Desde las primeras horas de este 13 de abril de 2026, los habitantes y turistas de Puerto Vallarta despertaron bajo un cielo teñido de tonos ocres y rojizos, una estampa casi apocalíptica provocada por las densas columnas de humo provenientes de incendios forestales activos en el municipio vecino de Cabo Corrientes. Lo que suele ser una postal de ensueño se ha transformado en una bruma espesa que no solo afecta la visibilidad en la zona hotelera, sino que ha encendido las alarmas de las autoridades sanitarias y de protección civil.
De acuerdo con el meteorólogo Víctor Manuel Cornejo López, asesor del comité científico de Protección Civil, este fenómeno responde a la dirección de los vientos predominantes de sur a norte, que arrastran partículas contaminantes y ceniza hacia el centro de la Bahía de Banderas. «Ese color café oscuro es polución suspendida; las partículas, en su mayoría invisibles pero altamente respirables, bajan a la superficie durante la mañana al mezclarse con el rocío, integrándose directamente al aire que respira la población», advirtió el especialista, subrayando que la dispersión atmosférica está lejos de ser una solución inmediata al problema.
El impacto no es solo ambiental, sino también económico y social. En plena temporada de afluencia turística, las playas lucen desoladas bajo un sol opacado, mientras que el sector hotelero y de servicios monitorea con preocupación la calidad del aire. Las autoridades de Protección Civil y Bomberos de Puerto Vallarta han emitido una recomendación de precaución, instando a los ciudadanos a evitar actividades al aire libre y a utilizar cubrebocas en zonas de mayor concentración de humo, especialmente para grupos vulnerables como niños, adultos mayores y personas con afecciones respiratorias crónicas.
A nivel estatal, la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (SEMADET) evalúa la posibilidad de activar una alerta atmosférica si las condiciones de ventilación no mejoran en las próximas horas. Mientras tanto, las brigadas forestales combaten el fuego en los accidentados terrenos de Cabo Corrientes, enfrentando condiciones de sequedad extrema y vientos cambiantes que complican las labores de control. La magnitud del incendio ha movilizado no solo a bomberos locales, sino también a personal de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), en un esfuerzo por frenar la fuente de la contaminación.
Este incidente pone nuevamente sobre la mesa la vulnerabilidad de la región ante la temporada de estiaje y la urgencia de políticas de prevención de incendios más estrictas en las zonas serranas. Por ahora, Puerto Vallarta permanece a la espera de un cambio en el patrón de los vientos que devuelva el brillo natural a sus costas, mientras la población observa con inquietud un horizonte que, más que un atardecer eterno, representa un recordatorio crítico de la fragilidad de nuestros ecosistemas frente al fuego.

