Por Carlos Hartig.
«Hay ocasiones en que sí, hay meses en los que está totalmente lleno, tenemos que recurrir a otros espacios incluso», admitió la Dra. Elva Arciniega, directora del Hospital de la Mujer en Tepic. Esta declaración pone rostro a una crisis sistémica: el único hospital de referencia del estado opera con apenas 30 camas censables para atender a toda la población femenina de Nayarit. Mientras la dirección reconoce que la saturación ya no respeta temporadas, las proyecciones del INEGI para este primer tramo de 2026 sitúan a la entidad en un riesgo crítico, con una tasa de natalidad de 58.6 nacimientos por cada mil mujeres, una cifra que desborda cualquier capacidad de respuesta institucional frente al promedio nacional.
La asfixia presupuestaria para este 2026 ha terminado por desmantelar el sistema con una reducción real de 212 millones de pesos respecto al ejercicio anterior. Investigaciones de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) denuncian un «fraude asistencial»: el 60% de las pacientes que saturan Tepic deberían ser atendidas en clínicas periféricas, pero estas carecen de insumos, personal y equipo básico, obligando a concentrar toda la carga estatal en un solo edificio que opera al límite. El Estado ha destinado la insultante cifra de 4.5 millones de pesos para infraestructura este año; una cantidad insuficiente para un hospital que cerró el 2025 con picos de ocupación del 115%, dejando a mujeres en labor de parto esperando en sillas de plástico o camillas improvisadas en los pasillos.

A este escenario se suma la crisis inducida contra la UAN, cantera histórica de especialistas que el gobierno ha dejado de financiar adecuadamente. Sin una universidad sana, el hospital carece de intensivistas obstétricos suficientes para cubrir las emergencias en todos los turnos, una carencia que se traduce directamente en actas de defunción. Al corte del primer trimestre de 2026, Nayarit registra una Razón de Mortalidad Materna (RMM) de 28.4 defunciones por cada 100 mil nacimientos, un incremento alarmante frente a las 26.8 reportadas en 2025. Según la OMS, el 80% de estas muertes son prevenibles, pero la negligencia presupuestal y la falta de personal calificado las vuelven una realidad inevitable en el estado, alejando a Nayarit de los estándares de salud de países con economías similares.
El vacío institucional alcanza su punto más oscuro en el acceso al aborto seguro, donde la burocracia y la objeción de conciencia fáctica se imponen sobre la salud reproductiva. Mientras la propaganda oficial presume «avances», la dirección del hospital admitió que se obliga a «dar parte al Ministerio Público» en casos de violación, contraviniendo directamente la NOM-046. Investigaciones de Bioética de la UAN señalan que esta práctica funciona como un filtro ideológico que revictimiza a las nayaritas, empujándolas a la clandestinidad o a saturar aún más las salas de parto con embarazos forzados, muchos de ellos infantiles, en un estado que lidera la incidencia de embarazo adolescente a nivel nacional.
Nayarit sostiene el deshonroso título de «fábrica de niñas cuidando niños», con una tasa de 49.4 embarazos adolescentes por cada mil, situándose en el Top 3 nacional según el cierre del INEGI 2025. El 10% de los partos en el hospital corresponden a menores de 17 años, casos de altísimo riesgo que terminan colapsando una unidad de neonatología que sigue siendo un «proyecto estático» en un papel de la segunda planta del edificio. La mortalidad infantil también refleja este descuido: en 2025 se registraron 11.5 defunciones por cada mil nacidos vivos, cifra que se mantiene al alza en 2026 debido a que los recién nacidos críticos carecen de cuidados intensivos inmediatos en el sitio y deben ser trasladados en condiciones precarias al Hospital General.
Para mitigar el caos de la falta de espacio y el flujo incesante de pacientes, al primer trimestre de 2026, la tasa de cesáreas alcanzó el 39.8%, triplicando el límite de la OMS. Esta práctica se utiliza no por necesidad médica, sino como un método mecánico para «agilizar» la salida de pacientes y desocupar camas en tiempo récord, a menudo ignorando las recomendaciones internacionales de promover el parto humanizado. Mientras tanto, el INEGI reporta que la mortalidad neonatal (menores de 28 días) en el estado se mantiene en 8.2 defunciones por cada 1,000, evidenciando que la falta de equipamiento especializado, como ventiladores y cunas térmicas, está cobrando vidas de manera sistemática ante la mirada pasiva de las autoridades estatales y federales.
Este análisis concluye con una sentencia de abandono institucional que el Gobierno de Nayarit pretende ocultar con cifras maquilladas y discursos de centralización eficiente. El Hospital de la Mujer de Tepic es hoy un barco que se hunde con 30 salvavidas para mil pasajeros, mientras la promesa del nuevo Hospital de Alta Especialidad, al 70% de construcción, es un paliativo que llegará años tarde para miles de mujeres. La gestión del IMSS-Bienestar ha entregado un sistema descapitalizado y ciego ante una emergencia que ha convertido el acto de dar vida en un riesgo mortal para las ciudadanas nayaritas, aceptando la muerte materna e infantil como un costo colateral de la política de austeridad.
Dato de Cierre: El recorte presupuestal de más de 200 millones de pesos es una decisión política que impacta directamente en la letalidad hospitalaria. El silencio de las autoridades estatales ante las cifras del INEGI es cómplice de la degradación de la salud pública en Nayarit; el retraso en la entrega de nueva infraestructura solo profundiza una herida social que ya ha costado la vida de cientos de nayaritas en este bienio.

