Por Carlos Hartig.
En un despliegue de pragmatismo que prioriza el proyecto personal sobre la estabilidad institucional, el gobierno de Héctor Santana ha convertido la última sesión de Cabildo en un operativo de «limpieza y blindaje». Lo que se vendió como un fortalecimiento del gabinete no es más que la construcción de un búnker administrativo ante la inminente solicitud de licencia del alcalde. Con nombramientos impuestos y la denuncia de la síndico Daniela Sahagún sobre el desaseo en el orden del día, Santana deja claro que su prioridad no es el cierre de filas por el municipio, sino asegurar las espaldas de su estructura antes de saltar a la arena electoral de Morena rumbo al 2027.

El reacomodo de piezas en áreas neurálgicas revela una estrategia de control absoluto mediante perfiles de estricta confianza. Al frente de la Contraloría Municipal se designó a Angélica Patricia Carrillo Paredes, una posición clave para la fiscalización interna y el blindaje de cuentas públicas. En la Dirección de Seguridad Ciudadana y Tránsito se ratificó a José Manuel Rivas Cortés, mientras que en Protección Civil y Bomberos asumió Jhoanna Grisel Barraza Avilez. Para completar el cuadro operativo, Xavier Esparza García tomó las riendas de la Coordinación de Gabinete y Francia Montserrat Cortés Sandoval la Dirección de Turismo. Esta maniobra ocurre bajo la sombra de las reglas de Morena, que exigen definiciones en junio, sugiriendo que Santana busca dejar «vigilantes» de casa antes de irse a las encuestas.
La figura del «heredero» administrativo también ha quedado definida. De acuerdo con los registros oficiales del Instituto Estatal Electoral de Nayarit (IEEN) del proceso 2024, el suplente legalmente registrado en la fórmula de la alcaldía es José Israel Santillán Castañeda. Actualmente, Santillán aparece en el directorio de Transparencia como Secretario del Ayuntamiento, una posición que le otorga el control total de la política interna y la relación con los regidores. Su eventual ascenso a la presidencia interina no representa una renovación, sino la continuidad de un esquema donde el poder se hereda entre el círculo más compacto, dejando al municipio en un estado de interinato que suele traducirse en parálisis administrativa.
Es alarmante que la gobernanza del motor económico de Nayarit se decida entre jaloneos de pasillo y ajustes de último minuto. La crítica interna pone de manifiesto que el consenso es una simulación; al imponer a sus allegados en la Contraloría y la Coordinación de Gabinete, Santana no está profesionalizando la administración, sino instalando un «gobierno de guardia» cuya única misión será cuidar el territorio y los recursos mientras él persigue su siguiente ambición política. La institucionalidad ha sido desplazada por el cálculo electoral más rancio, sacrificando la atención ciudadana por el hambre de poder.
Bahía de Banderas se enfrenta ahora a la incertidumbre bajo el mando de un suplente que recibirá un municipio «amarrado» por los compromisos de su antecesor. Mientras los problemas sociales demandan atención de tiempo completo, el Ayuntamiento parece haberse transformado en un cuartel de campaña. La pregunta para los ciudadanos es inevitable: ¿quién gobernará realmente Bahía mientras Santana busca la coordinación estatal de la Cuarta Transformación? Por ahora, el blindaje está puesto, los nombres están en la nómina y el municipio, una vez más, queda en segundo plano frente a la carrera por el 2027.

