Por Ricardo Reyes.
A pesar de que las autoridades sanitarias estatales insisten en destacar “esfuerzos” y “dedicación”, la realidad epidemiológica en Nayarit es alarmante: el sarampión no cede y ya acumula al menos 20 casos confirmados (algunos reportes elevan la cifra a 22), con un repunte drástico en las primeras semanas de 2026 tras los 6 casos registrados durante todo 2025.
Este lunes, apenas 30 vacunadoras y 16 médicos fueron desplegados en brigadas de vigilancia epidemiológica para realizar visitas casa por casa en localidades de alto riesgo como Palmar de Cuautla (Santiago Ixcuintla) y comunidades de Tecuala: Novillero, Paso Hondo, Río Viejo y Atotonilco. La estrategia de “cercos sanitarios” se presenta como fundamental, pero llega cuando el virus ya circula activamente en el estado y en gran parte del país, donde México acumula miles de casos confirmados y al menos 26 defunciones desde el inicio del brote en 2025.
Lejos de ser una muestra de control, las acciones reflejan la reactividad tardía de las autoridades ante una enfermedad altamente contagiosa que había sido eliminada en el país durante años y que ahora pone en riesgo especialmente a niñas y niños no vacunados o con esquema incompleto.
Los Servicios de Salud de Nayarit reconocen la necesidad de reforzar la prevención “desde el territorio”, pero la baja cobertura de vacunación previa y la lentitud en la respuesta han permitido que el sarampión se arraigue en zonas vulnerables. Mientras tanto, las familias nayaritas enfrentan el temor real de contagios en comunidades donde el acceso oportuno a la salud sigue siendo limitado.
Las autoridades reiteran el llamado a acudir a las unidades médicas más cercanas para completar el esquema de vacunación, pero muchos cuestionan por qué no se implementaron campañas masivas y obligatorias mucho antes, cuando los primeros casos de 2025 ya eran una señal de alerta roja.
La salud de las familias nayaritas no puede seguir dependiendo de brigadas aisladas y mensajes de buena voluntad: urge una estrategia mucho más agresiva y recursos suficientes antes de que el número de contagios y posibles secuelas graves siga en aumento. Por ahora, el balance es claro: el sarampión avanza y las medidas siguen a la zaga.

