Por Ricardo Reyes.
En un acto que muchos observadores califican como un derroche de recursos y una muestra más de sumisión política, el gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro Quintero, encabezó este fin de semana una asamblea en Tepic dentro de las llamadas “Jornadas en Defensa de la Soberanía Nacional”, un evento impulsado por el partido en el poder y replicado en varias entidades.
Acompañado de su esposa, la doctora Beatriz Estrada Martínez —presidenta del Sistema DIF Nayarit—, y de representantes de diversos sectores (social, obrero, transportista, campesino, ganadero, pesquero y profesional), el mandatario leyó un discurso cargado de consignas y vivas que, para críticos locales y nacionales, suena más a campaña partidista que a genuina preocupación por la soberanía del país.
“Desde Nayarit, junto a mi esposa… nos sumamos a las Jornadas en Defensa de la Soberanía Nacional”, declaró Navarro, para luego reafirmar un respaldo incondicional a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a quien describió como “firme y clara” en la defensa de la independencia y la dignidad del pueblo mexicano. El gobernador insistió en que “somos millones” a su lado y cerró con una retahíla de vivas: “¡Viva México! ¡Viva Nayarit! ¡Viva la soberanía nacional! ¡Viva nuestro territorio! ¡Viva la unidad del pueblo mexicano! ¡Viva nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum!”.
Mientras el evento se presentaba como una reflexión colectiva sobre el cuidado del patrimonio nacional, voces disidentes en redes y círculos políticos nayaritas cuestionaron el verdadero propósito: ¿una defensa real de la soberanía o una nueva demostración de lealtad ciega al proyecto de Morena en tiempos en que el estado enfrenta pendientes graves en seguridad, empleo, infraestructura carretera y atención a desastres naturales?
La participación masiva —o al menos la que se promocionó como tal— contrastó con el silencio sobre temas locales urgentes. En lugar de anunciar soluciones concretas para los nayaritas, el gobernador optó por repetir consignas nacionales, lo que para muchos representa un desvío de prioridades y un uso político de recursos públicos en un momento en que la entidad requiere acciones tangibles, no más discursos de unidad partidista.
Desde Nayarit, lo que se vio fue una coreografía más en la larga lista de actos de respaldo incondicional al gobierno federal, mientras los problemas estructurales del estado siguen esperando respuestas reales.

