Por Carlos Hartig.
El paradisíaco puerto de Puerto Vallarta, Jalisco, conocido internacionalmente por sus atardeceres y su vibrante vida turística, dejó de lado el susurro de sus olas para convertirse en el epicentro de un auténtico terremoto dentro del regional mexicano y el jaripeo de primer nivel. Lo que prometía ser una temporada de gala ecuestre en la región derivó en un choque de titanes mediático tras las incendiarias declaraciones de Oyuki, la indiscutible «Reina del Jaripeo». La veterana estrella decidió romper el silencio de manera enérgica para poner un alto definitivo a la ola de rumores, indirectas y señalamientos que su colega, «La Chiquita del Jaripeo», había lanzado en su contra, transformando una simple rivalidad de camerinos en un asunto de dignidad artística que ya encendió las plataformas digitales a nivel nacional.
La mecha que encendió la pólvora en este destino jalisciense no fue el simple ego por ver quién convoca más fanaticada o quién cobra más por presentación, sino una acusación mucho más profunda y delicada: la falta de originalidad y el robo de identidad artística. A través de un contundente pronunciamiento que sacudió a los empresarios del medio, Oyuki fue tajante al desmentir que le asuste compartir los reflectores, el ruedo o las carteleras con las nuevas generaciones; al contrario, aclaró que la verdadera manzana de la discordia es la copia sistemática de su concepto. Según la experimentada intérprete, existe un evidente y descarado intento por replicar desde su particular estilo de montura hasta sus diseños de vestuario y la esencia misma que a ella le tomó décadas consolidar, exigiendo a su contraparte que busque una voz propia en lugar de colgarse de fórmulas ajenas.
Consciente del peso de su nombre, «La Reina» no dudó en aplicar una dolorosa dosis de memoria histórica que caló hondo en el gremio ranchero. Aprovechando los micrófonos y la atención de la prensa, le recordó públicamente a «La Chiquita» sus primeros pasos en los lienzos, cuando la joven apenas buscaba una oportunidad en un ambiente predominantemente masculino. Oyuki enfatizó que durante casi tres décadas su bandera ha sido el respeto, el compañerismo y la tolerancia hacia quienes van empezando, por lo que catalogó la actitud reciente de su rival no solo como una agresión injustificada, sino como una clara muestra de ingratitud hacia las figuras que pavimentaron el camino para que las mujeres tuvieran voz y voto en este exigente espectáculo popular.
El conflicto escaló de tono y rozó lo personal al salir a la luz comentarios despectivos que, aparentemente, tocaban fibras sensibles como la edad, la apariencia física y el relevo generacional de la veterana. Lejos de caer en el insulto fácil, el lenguaje de cantina o el juego de las descalificaciones en transmisiones en vivo, la soberana de los ruedos dio una auténtica cátedra de elegancia y madurez. Cobijada por el aplauso incondicional del público vallartense y respaldada por un impresionante legado de más de 28 años de trayectoria ininterrumpida, Oyuki manifestó que se encuentra en la etapa más plena de su vida, dejando en claro que la experiencia no es un punto débil ni sinónimo de caducidad, sino el blindaje que la mantiene vigente donde muchas otras solo son modas pasajeras de una sola temporada.
Para poner punto final al escándalo que ha acaparado las portadas de la prensa de espectáculos y los canales especializados, la artista sentenció que no planea convertirse en el payaso de ningún circo mediático ni desgastarse en un berrinche de redes sociales que nada aporta a la tradición campirana. Con una contundencia que sepultó cualquier intento de réplica, afirmó que su compromiso es únicamente con el público que paga un boleto para ver un show de calidad y con la pasión que lleva en la sangre, rematando con una frase fulminante que resonó con fuerza en todo Puerto Vallarta y que dejó mudos a sus detractores: «el único que decide cuándo me retiro es Dios».
Mientras tanto, el ambiente en los corralones y oficinas de representación se mantiene bajo una tensión insoportable. Hasta el momento, «La Chiquita del Jaripeo» ha optado por un hermético mutismo, refugiándose en el silencio tras el severo revés discursivo que recibió en tierras jaliscienses y que la ha dejado muy mal parada ante los puristas del jaripeo. Los promotores de la zona ya debaten con preocupación el impacto de esta ruptura, pues mientras algunos temen que el ambiente hostil enfríe las contrataciones conjuntas, los expertos en taquilla especulan que este encontronazo elevará el morbo de la fanaticada, obligando a los empresarios a ofrecer sumas exorbitantes si es que pretenden juntar nuevamente a las dos monarcas bajo el mismo techo de un lienzo charro.

