Por Carlos Hartig.
En un desplante de cinismo que raya en el insulto a la inteligencia de los tepiqueños, el regidor de Movimiento Ciudadano (MC), Luis Alberto Zamora Romero, montó un burdo tinglado frente a la Catedral de Tepic para presentar el denominado Plan Agua por Tepic. Con la flagrante urgencia de quien busca desesperadamente reflectores y un posicionamiento electoral anticipado hacia el presupuesto de 2027, el polémico edil pretendió erigirse como el salvador de una crisis que él mismo, desde su cómoda y muy bien remunerada posición en el Cabildo de la capital, ha solapado y dejado crecer de manera irresponsable. Lo que se promocionó con bombos y platillos como una cruzada humanitaria no es más que una flagrante cortina de humo mediática, un «espectáculo callejero» diseñado con saña política para transformar el desabasto crónico de agua —que fustiga la dignidad de miles de hogares— en un vulgar botín proselitista y en un arma de golpeteo contra sus adversarios.
La vergonzosa puesta en escena de Luis Alberto Zamora Romero se desmoronó por completo ante los cuestionamientos de la prensa escrita, desnudando una alarmante incompetencia técnica y una total ligereza argumentativa que lo descalifican para encabezar cualquier debate presupuestal serio. Resulta inadmisible y sumamente peligroso para la estabilidad de la capital que un representante popular admita, con total desparpajo, que «desconoce el estado real de la red» y que fundamente sus acusaciones sobre una supuesta deuda de 150 millones de pesos del SIAPA con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) basándose en simples rumores y «dichos de pasillo». Esta irresponsabilidad declarativa no solo demerita la investidura del Cabildo, sino que desenmascara el verdadero origen de su iniciativa: un pliego de ocurrencias redactado al vapor, carente de rigor metodológico, financiero o científico, cuyo único propósito es encender el enojo social y usar el descontento de las colonias como trampolín personal.
El núcleo de la propuesta impulsada por el regidor naranja es una colección de falacias financieras y demagogia pura que, de aplicarse, terminarían de sepultar en la bancarrota las ya de por sí moribundas arcas del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA). Prometer alegremente esquemas de condonación total, la prohibición absoluta de cortes de agua y la ocurrencia de regalar seguros de gastos funerarios a los contribuyentes, delata una desconexión patológica con la realidad macroeconómica del municipio de Tepic. Luis Alberto Zamora Romero parece ignorar de forma deliberada que la parálisis y el colapso del sistema hídrico no se solucionan dinamitando la recaudación ni promoviendo la morosidad a través de litigios masivos; su populista estrategia de «quedar bien con todos» asfixia la operatividad del organismo, dejándolo sin recursos mínimos para adquirir refacciones, sustituir tuberías obsoletas o reparar las miles de fugas que diariamente inundan las calles mientras las casas se quedan secas.
El colmo del descaro político ocurrió cuando Zamora Romero fue acorralado sobre la viabilidad legal y real de sus promesas, refugiándose de manera oportunista en el marco jurídico de la prescripción de adeudos mayores a cinco años; una herramienta legal dictada por códigos fiscales que ya existe y que ha sido aplicada por tribunales independientes, pero que el edil pretende adjudarse cínicamente como un logro de su partido. Peor aún, al ser cuestionado sobre el inevitable rechazo de su plan por parte del Ayuntamiento debido a su inviabilidad técnica, el regidor tuvo que confesar que casi todo su proyecto es un simple «boceto» supeditado a la Comisión de Hacienda. Esta aceptación tácita de su invalidez inmediata confirma que el módulo instalado en la plaza principal es un burdo engaño al ciudadano: una trampa mediática para recabar datos de personas incautas con falsas promesas de soluciones mágicas que él sabe perfectamente que no posee el poder ni la facultad de otorgar.
Asimismo, resulta grotesco observar cómo el regidor maquilla como «participación ciudadana» lo que en el fondo es una estrategia clientelar de recolección de firmas y bases de datos con miras a las próximas contiendas electorales, jugando con la legítima desesperación de la gente que abre la llave y solo recibe aire. El financiamiento de este aparato propagandístico montado en plena plaza pública levanta serias dudas sobre el origen de los recursos que sostienen la movilización de Movimiento Ciudadano, mientras el SIAPA opera en números rojos y con un déficit que paraliza los pozos de extracción. Zamora Romero pretende que el ayuntamiento absorba un impacto financiero letal sin proponer una sola fuente de ingresos alternativa, demostrando que su visión económica no va más allá del aplauso fácil en redes sociales y la complacencia de sus huestes partidistas en un mitin de banqueta.
Finalmente, la absoluta falta de autocrítica de Luis Alberto Zamora Romero y la dirigencia de Movimiento Ciudadano raya en lo criminal cuando se analiza cómo utilizan las tragedias de las comunidades rurales e indígenas como simple carne de cañón para la nota periodística y la fotografía oficial. Mientras el regidor discursea cómodamente bajo la sombra de la plaza pública y promete amparos mesiánicos para infantes que padecen infecciones y brotes de diarrea por consumir agua contaminada del acueducto en el Ejido de Puga, su nula gestión real en el Cabildo perpetúa el calvario de la periferia. El Plan Agua por Tepic nace muerto y podrido por el virus de la demagogia; es el vivo retrato de la peor política local, donde los actores prefieren el escándalo, el megáfono y la confrontación mediática en lugar de sentarse a arrastrar el lápiz en las comisiones edilicias para construir soluciones estructurales, viables y de largo plazo para la sed de los tepiqueños.

