Por Ricardo Reyes.
Lo que la administración de Geraldine Ponce intenta vender como un despliegue heroico de «trabajo permanente», para la ciudadanía tepicense no es más que el resultado de una alarmante falta de prevención y una gestión de residuos fallida que hoy tiene a la ciudad respirando toxicidad.
Mientras la alcaldesa se apresura a publicar en redes sociales la llegada de pipas, arena y tierra para «reforzar las labores» en el basurero de El Iztete, surge la pregunta inevitable: ¿Por qué se permitió que la situación llegara a este punto crítico nuevamente?
La movilización de maquinaria y personal durante la noche y madrugada no es un mérito, es la respuesta desesperada a una crisis que parece salirse de control año tras año. El uso masivo de recursos públicos para «sofocar y liquidar» el incendio es, en realidad, un paliativo para un problema estructural que la actual administración ha sido incapaz de resolver.

- Falta de Planificación: El arribo de camiones con tierra esta mañana evidencia que las capas de cobertura necesarias para prevenir estos siniestros en el vertedero no eran las adecuadas.
- Riesgo Sanitario: Mientras las brigadas trabajan, miles de familias en Tepic sufren las consecuencias del humo denso, denunciando en plataformas digitales la falta de protocolos de salud claros ante la contingencia ambiental.
- Opacidad en el Gasto: El despliegue de pipas y personal operativo representa un gasto extraordinario que sale de las arcas municipales, recursos que podrían haberse invertido en una transición real hacia un modelo de gestión de residuos moderno y no en apagar fuegos recurrentes.
A pesar de que el personal operativo se mantiene en la zona, la percepción ciudadana es de hartazgo. La narrativa oficial de «atender la emergencia» ya no es suficiente para ocultar que El Iztete es una bomba de tiempo que esta gestión no ha sabido desactivar.
«No se trata de cuánta tierra le echen hoy al problema, sino de por qué el basurero sigue siendo el mismo foco de infección y peligro desde que inició su administración», comentan vecinos afectados por la columna de humo.
La «atención permanente» que presume Ponce es, en los hechos, el reconocimiento de un fracaso en las políticas públicas de protección civil y ecología. Tepic no necesita fotos de camiones llegando al amanecer; necesita una ciudad donde sus habitantes no tengan que cerrar puertas y ventanas para no enfermarse por la negligencia de sus gobernantes.

