Por Carlos Hartig.
¡Ay, mi gente de Bahía de Banderas, agárrense bien y no se me vayan a ir de espaldas, porque esto no es un sketch de La Hora Pico, es la pura y triste realidad de nuestro municipio! Resulta que nuestro queridísimo alcalde, Héctor Santana, se nos vistió de taquero estrella para el Día de las Madres y nos recetó un menú que ni en los lugares más fifís de Punta de Mita. La administración municipal, que bien sabemos cómo se las gasta cuando se trata de aflojar el billete del pueblo, desembolsó la bonita cantidad de ¡132 pesotes por cada bendito taco! A ese precio, uno esperaría que la carne estuviera tiernita, maciza y de campeonato. Pero no, eran de los mismos de la esquina, solo que con una «mordida» presupuestal tan grande y filosa que a más de uno le costó trabajo tragársela y nos dejó a todos con el ojo bien cuadrado.
Pero espérense, no se me queden picados, que el festival de la opacidad venía con su respectiva tanda de regalos tecnológicos para que a las madrecitas les entre la alegría por los ojos. El ayuntamiento sacó la billetera y compró un lote de pantallas más chinas que la muralla, facturadas nada más y nada menos que en ¡19,000 varos cada una! ¡Háganme el bendito favor! Con ese billete, a cualquiera le arriman una televisión de las grandes, de esas que se ven bien cabezonas y te dan todo el servicio completo. Pero en las oficinas gubernamentales les encanta que se las dejen ir caras, y las marcas patito mágicamente se cotizaron como diamantes. Se rumora que esas televisiones ya traen un muñeco adentro para que el alcalde se vea más guapo y con cara de que se la va a jugar para gobernador muy pronto.
Por supuesto, el discurso oficial fue el clásico drama para ver si nos la meten doblada con el cuento de la buena fe: «¡Es para reactivar la economía y apoyar a nuestros taqueros locales!», dijeron con la mano en el pecho. Sin embargo, cuando los verdaderos taqueros de la región —esos que sí se la fletan duro frente al fierro caliente y saben cómo acomodar bien la carne— vieron las cuentas, sintieron que les picaron los ojos. ¿Cuáles taqueros locales? ¡Los beneficiados fueron «others»! Esos empresarios VIP de ocasión, amigos de la infancia y arrimados del compadre que nomás vieron la oportunidad y se dejaron venir con todo el negocio encima. Al taquero de a pie nomás le tocó ver de lejos cómo los otros se la estaban comiendo toda… la ganancia del evento, claro.
Y mientras el alcalde posaba muy mono con su mandil de «Taquería Las Cocinas», la terca realidad nos la dejó caer sin tantita pena estilo villana de telenovela. En las colonias populares, la gente sigue sufriendo porque no les sale nada por la tubería, teniendo que arreglárselas a puros jicarazos con el chorrito que buenamente consiguen. ¡Ah, pero eso sí! Las calles siguen siendo de pura tierra, ideales para que a la raza se la dejen ir toda la temporada de lluvias entre el lodo y los pozos. No hay líquido que les llene el balde ni pavimento para que ruede suave el carro, pero qué tal el orgullo de saber que en este municipio nos ensartaron los tacos más caros y exclusivos de todo el estado. ¡Faltaba más!
La cosa es que toda esta gastadera no es de gratis; todo tiene una lógica científica y electoral con la mira bien puesta en el ya cercano 2027. Nuestro alcalde ya anda ensayando sus mejores poses, puliendo la sonrisa y calentando motores para ver en qué posición le toca jugar en las próximas boletas. Se nota a leguas que la estrategia para la siguiente campaña no es arreglar los pozos ni tapar los hoyos de las calles —¡uy, qué aburrido, eso no se la mete a la gente por los ojos!—, sino entretener a la clientela a punta de taquizas masivas, shows cómicos y promesas de paquetes grandes para todos. Para la actual administración, las necesidades del pueblo se pueden quedar esperando atrás, porque lo verdaderamente urgente es asegurar que el jefe se siente bien en la silla que viene.
Al final de la jornada, este Día de las Madres nos dejó una pesadez que no se quita ni con tres toneladas de bicarbonato puro. La fiesta ya se acabó, a las pantallas piratas ya se les está yendo la señal por detrás y los millones de pesos ya volaron a cuentas misteriosas donde nadie los alcanza. A los ciudadanos de Bahía de Banderas no nos queda más que asomarnos a la ventana, ver el lodazal de la cuadra, agarrar el bote vacío para ver si nos arriman una pipa y recordar el sabio y doloroso remate de este chiste llamado gobierno local: ¡ahora sí, mis estimados, a disfrutar con una enorme sonrisa lo comido… y a aguantar bien doblado lo votado!

