Por Carlos Hartig.
En una región donde el calor extremo y la selva baja caducifolia son utilizados como aliados naturales para el ocultamiento de restos, el colectivo Uniendo Corazones ha desplegado el protocolo «Tierra de Fe». Esta jornada de búsqueda, realizada el 8 de abril de 2026, se adentró en las zonas rurales de Valle, municipio de Bahía de Banderas, para enfrentar lo que los analistas califican como una «Emergencia de Localización de Larga Data». La operación no solo es un acto de amor, sino un despliegue de inteligencia comunitaria que busca suplir las deficiencias de las fiscalías en la búsqueda de personas desaparecidas.

La estrategia aplicada en Valle se denomina «Sondeo de Amplitud», la cual consiste en el uso de maquinaria pesada para remover capas de tierra y detectar alteraciones en la estratigrafía del suelo que indiquen actividad humana previa. Como se observa en el material visual capturado en el sitio, una retroexcavadora realizó zanjas profundas bajo la supervisión directa de las buscadoras y personal de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), quienes miden y examinan cada centímetro de suelo removido.

Personal especializado supervisa las excavaciones en las zonas rurales de Valle.
El entorno de seguridad es crítico; la presencia de la Guardia Nacional en el lugar no es una formalidad, sino un factor de disuasión necesario ante la vigilancia constante de grupos delictivos conocidos como «punteros». A pesar de la tensión, el colectivo mantiene una postura pacífica: «no buscamos justicia, solo recuperarlos», una frase de su directora María Salinas que busca reducir la confrontación y fomentar la llegada de información anónima o «pitazos» que permitan dar con el paradero de sus seres queridos.
La geografía de la zona presenta retos extremos para las brigadas de rastreo técnico-humanitario.
A pesar de que el balance de la jornada en Valle resultó «Negativo en Hallazgos», el equipo técnico lo considera «Positivo en Inteligencia». Cada cuadrante «limpiado» y descartado permite refinar el mapa de búsqueda, cerrando el cerco sobre los puntos de sospecha más sólidos para futuras incursiones. No obstante, se detectó una vulnerabilidad significativa: la falta de tecnología propia, como radares de penetración terrestre, obliga al colectivo a depender de la voluntad política para el préstamo de maquinaria, lo que limita su autonomía operativa.

La documentación de este esfuerzo evidencia la cruda realidad que se vive en el terreno rural de Bahía de Banderas, donde las familias deben abrirse paso entre la maleza seca y el polvo para encontrar respuestas. Este trabajo de campo es vital para sanar las «heridas abiertas» de la comunidad, demostrando que la paz social en Nayarit está directamente condicionada a la resolución de estos casos de desaparición.
Finalmente, la jornada de rastreo en Valle reafirma que la persistencia ciudadana es el único motor que no se detiene ante la adversidad climática o la inseguridad. La labor de las familias de Uniendo Corazones en el municipio de Bahía de Banderas no es solo un esfuerzo de localización, sino un acto de resistencia que busca devolver la identidad y la dignidad a quienes han sido silenciados por la violencia.

