Por Carlos Hartig.
¡Pásale, mi reina, siéntate en el banquito que aquí te voy a despachar tu orden de despojo bien «caliente» y con harta saña! En la Taquería «Las Cocinas», el menú está más manoseado que billete de a peso, pero ¡ojo!, que al gobernador Navarro Quintero hay que tratármelo con «suavitel», porque el señor nomás está viendo desde su palco cómo se arma el guiso en las mesas de diálogo. Pobre de mi gober, él bien tierno, queriendo platicar mientras el ingeniero de Grupo Dine ya le metió el 70% de la construcción sin que sintiera ni el primer rozón. ¡Ay, mi Navarro, tan modosito que nos quiere dar atole con el dedo mientras los otros ya se están merendando el litoral!
Pero ¡ah!, qué tal el alcalde Héctor Santana, a ese sí que le encanta que le «acomoden» los intereses de los ricos por donde más le quepan. El tipo salió más largo que un viernes sin quincena, porque mientras su gente dice que no hay permisos municipales, él se queda calladito y manda a la policía a que le cuide la retaguardia a la empresa Cantiles de Mita. Santana se la come todita la indignación del pueblo con tal de que sus patrones de Montage no se despeinen. ¡Ese sí que sabe ponerse de pechito con tal de que le dejen caer la propina voluntaria en su jarrito de la impunidad!
Y de la Semarnat, ¡ni hablemos!, que a ese José Rentería le gusta que se la metan doblada… ¡la ley, claro! El tipo admite que no tienen la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), pero como le gusta el riesgo, dice que es una «obra de emergencia». ¿Cuál emergencia, mi valiente? ¿La de ver qué tan rápido pueden enterrar el desove de las tortugas antes de que alguien les reclame el terreno? Estos de la Semarnat son bien finos: les gusta que los inversionistas les den «por donde les gusta» a los nayaritas, con tal de seguir con su teatro de la opacidad y el engaño.
¡La Profepa también quiere su parte del pastel y no precisamente el de postre! El delegado Roberto Medrano parece que trae el «instrumento» de la justicia bien guardado en el cajón, porque permite que talen mangle en zonas protegidas y ni un mugre sello de clausura es capaz de asomar. El activista Efraín López ya lo dijo: la autoridad federal nomás va a que les den su «repasón» turístico por Playa Las Cocinas, pero de castigar a los culpables, ¡ni esperanzas! Se ve que les gusta que les den «duro y a la cabeza» con puros recorridos de mentira mientras el ecosistema se va directito al caño.
Lo que es un hecho es que en Bahía de Banderas, la corrupción inmobiliaria está tan gruesa que ya ni el lubricante del diálogo les alcanza para que pase el saqueo sin que duela. El despojo en Las Cocinas es un monumento a la desvergüenza donde los de arriba se sirven con la cuchara grande y al pueblo nomás le dejan las sobras del plato. Es un descaro criminal que Grupo Dine se sienta dueño de la «península privada», mientras las autoridades se hacen las que no sienten nada cada que el dinero les roza la cartera. ¡Vaya forma de «servir» al estado, dejándolo más abierto que una cuenta de banco en paraíso fiscal!
Pero que no se confíen los taqueros del poder, porque la banda de Higuera Blanca ya demostró que ellos sí saben cómo «agarrar el toro por los cuernos». Al grito de «no estamos enojados, estamos emputados», dejaron claro que no van a permitir que les sigan ensartando desarrollos de lujo en sus áreas de pesca y vida. Así que ya saben, mis chulas: si ven a Santana, a los de la Semarnat o a la Profepa, ¡cuídense las espaldas!, porque esos cuates no dan paso sin que alguien salga perdiendo. ¡Y para mi gober Navarro, un masajito suave, no se nos vaya a estresar con tanto desorden que le están armando en su patio trasero!

