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Por Ricardo Reyes.
Cada 3 de mayo se conmemora en México el Día de la Libertad de Expresión, una fecha que invita no solo a reconocer este derecho fundamental, sino también a reflexionar sobre los desafíos que enfrentan periodistas, comunicadores y ciudadanos para ejercerlo plenamente.
La libertad de expresión está consagrada en los artículos 6º y 7º de la Constitución mexicana, que garantizan el derecho a manifestar ideas y acceder a la información sin censura previa. Sin embargo, en la práctica, el ejercicio de este derecho continúa marcado por riesgos, presiones políticas y, en muchos casos, violencia.
México se mantiene como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19 han documentado agresiones, amenazas e incluso asesinatos de periodistas en distintas regiones del país, muchas veces vinculados a la cobertura de temas sensibles como corrupción, crimen organizado y abusos de poder.
En entidades como Nayarit, aunque la incidencia de violencia contra periodistas es menor en comparación con otros estados, persisten preocupaciones sobre la presión institucional, la opacidad gubernamental y el acceso limitado a información pública, factores que restringen indirectamente el ejercicio pleno de la libertad de expresión.
A nivel nacional, el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas ha sido señalado por su insuficiencia operativa y falta de recursos, lo que deja en estado vulnerable a quienes enfrentan amenazas. A esto se suma un entorno digital cada vez más hostil, donde la desinformación y las campañas de ataques coordinados buscan desacreditar la labor periodística.
Pese a este panorama, el periodismo en México continúa siendo un pilar clave para la vida democrática. La labor de informar, investigar y cuestionar al poder sigue siendo esencial para la rendición de cuentas y la construcción de una sociedad más transparente.
En el marco de esta conmemoración, especialistas coinciden en que no basta con celebrar la libertad de expresión; es necesario fortalecer las condiciones para su ejercicio real, garantizar la seguridad de los comunicadores y combatir la impunidad en los delitos contra la prensa.
El 3 de mayo no solo es una fecha simbólica: es un recordatorio de que la libertad de expresión en México sigue siendo un derecho en construcción, que requiere vigilancia constante, compromiso institucional y una ciudadanía informada y participativa.

