David Estévez Gamboa, líder de la ANTAC, denuncia que el abandono estatal y el alza del 7% en combustibles han llevado al sector al colapso financiero. Ante el rompimiento del diálogo con la Presidencia y la galopante corrupción policial en carreteras, la organización pacta una alianza estratégica con agricultores y sindicatos internacionales. El gremio advierte que la parálisis logística es inminente si no se frena la voracidad fiscal y la inseguridad que desangra a los transportistas.
Por Carlos Hartig.
En un pronunciamiento que escala la tensión entre el sector logístico y el Ejecutivo Federal, David Estévez Gamboa, Presidente Nacional de la Asociación de Transportistas (ANTAC), declaró el estado de emergencia para el gremio y denunció lo que calificó como una «insensibilidad criminal» por parte de la administración federal. Tras el rompimiento definitivo de las mesas de diálogo que se mantenían con el Lic. Carlos Augusto López, la dirigencia de la ANTAC advirtió que la falta de cumplimiento de los acuerdos pactados desde noviembre ha empujado al sector al borde de una parálisis técnica y financiera de dimensiones incalculables para la economía nacional.
El diagnóstico de la ANTAC es devastador: el transporte de carga en México ya no es una actividad rentable, sino un ejercicio de supervivencia. Con un incremento del 7% en los precios del combustible y peajes que se cuentan entre los más caros del mundo, los márgenes operativos han desaparecido por completo. Estévez Gamboa fue incisivo al señalar que el Gobierno Federal ha fallado en entender la mecánica del sector, permitiendo que la carga fiscal del IEPS actúe como un ancla que no solo hunde al transportista, sino que dispara el costo de la canasta básica, asfixiando a las familias mexicanas con una inflación que ya rebasó por mucho las cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda.
La crisis de inseguridad en las arterias viales del país fue otro de los pilares del reclamo. Para la ANTAC, el abandono de las carreteras no es una simple omisión, sino una complicidad tácita que entrega el patrimonio de los mexicanos a la delincuencia. Denunciaron que el operador hoy enfrenta un doble asedio: por un lado, la violencia desbordada de los grupos delictivos y, por el otro, una corrupción institucionalizada por parte de las corporaciones policiales estatales y federales que ven en el transporte de carga una fuente de botín. El reclamo de certidumbre para trabajar no ha encontrado eco en una administración que, a decir de Estévez, ha optado por minimizar el conflicto calificándolos como un «grupo chiquitito», ignorando que por sus manos pasa el sustento de todo México.
En el plano de la política exterior, la ANTAC calificó como un fracaso rotundo la gestión del Tratado de Libre Comercio (T-MEC) en materia de transporte. La desigualdad frente al mercado norteamericano es abismal; mientras el transporte de EE. UU. goza de garantías económicas, el mexicano es bloqueado sistemáticamente mediante el encarecimiento estratégico de seguros para puertos transitorios, una barrera que el gobierno actual no ha tenido la voluntad de combatir. Ante este escenario de indefensión diplomática, Estévez anunció una alianza sin precedentes con el sindicato estadounidense «The Teamsters», buscando una coalición internacional que fuerce al gobierno mexicano a defender los intereses nacionales con la misma firmeza con la que el país vecino protege los suyos.
La estrategia de resistencia civil de la ANTAC ha comenzado a tejer una red de alianzas que amenaza con cimbrar las estructuras del poder central. El acercamiento con INDECO y su dirigente, el Lic. Beto, busca unificar a todos los organismos de transporte que han sido ignorados por la actual gestión. Sin embargo, la mayor amenaza para el statu quo es la consolidación de un frente común con el sector agrario. Al sumar a más de 20 millones de trabajadores del campo, la ANTAC articula un bloque de resistencia que une a quienes producen los alimentos con quienes los distribuyen, creando un eje de presión que el Estado no podrá disolver con retórica.
Durante su gira por Nayarit, arropado por el Movimiento del Sombrero, David Estévez Gamboa dejó claro que su caminata por el país no es un acto simbólico, sino el inicio de una movilización nacional por el «rescate de la patria». Esta lucha no se limita a las demandas gremiales, sino que denuncia un sistema que ha rebasado las capacidades del Estado para garantizar la paz y el desarrollo. La organización exige la reinstalación inmediata de mesas resolutivas, advirtiendo que cuentan con evidencia documentada de extorsiones y abusos que serán llevados ante instancias de derechos humanos si el hostigamiento policial no cesa de inmediato.
La ANTAC concluyó su posicionamiento enviando un mensaje directo a la Presidencia de la República: el sector no aceptará más diálogos estériles ni promesas de escritorio que se olvidan al mes siguiente. La responsabilidad de un posible desabasto nacional recaerá exclusivamente en una administración que ha decidido dar la espalda a la columna vertebral de la economía por privilegiar agendas políticas ajenas a la realidad de las carreteras. «No somos un grupo pequeño; somos el movimiento que mantiene vivo a México, y hemos decidido que no daremos un paso atrás hasta que se nos devuelva la dignidad y la seguridad para trabajar por nuestra nación», finalizó Estévez Gamboa.

