¡Enciendan el caldero y preparen el conjuro, que el humo de la simulación ya nubla a Nayarit! Entre destellos de oropel y pócimas de egolatría, una nueva «Luminaria» sin luz propia emerge de las sombras para reclamar un trono de papel. No es justicia ni mérito, es el hechizo de un galardón fantasma que busca revivir con incienso lo que el trabajo legislativo dejó morir en el olvido. ¡Cuidado, ciudadanos, que esta magia negra política busca encandilar la razón con trofeos de cristal!
Por Carlos Hartig.
En un despliegue de cinismo que rozó lo esotérico, la política nayarita fue testigo de un fenómeno digno de un cuento de ficción: el nacimiento de una «Luminaria» sin luz propia. El evento “Luminarias 2026”, con una estética que parece sacada de un hechizo de brujas por su exceso de brillos artificiales y dorados de fantasía, sirvió para coronar a Marisol Sánchez Navarro, diputada local por el PT, en la categoría de Política. Resulta fascinante ver cómo se fabricó un trofeo para una vitrina que, hasta ayer, solo acumulaba el polvo del olvido legislativo y una cuestionada trayectoria.
La imagen oficial del evento es una comedia de enredos mística: una estampa saturada de destellos que intentan ocultar una trayectoria de «pobres resultados» y una gestión cuestionada desde sus cimientos. Con una sonrisa que ignora la desconexión total con la realidad ciudadana, la diputada sostiene un premio que, más que un reconocimiento, parece un amuleto para intentar revivir una carrera política que no ha logrado despegar del suelo de la mediocridad. Es la política convertida en una sesión de espiritismo donde se invocan logros que nadie en Nayarit ha visto jamás.
Cabe destacar que los premios fueron entregados por el Jefe de Prensa del Partido del Trabajo (PT), quien en un acto de descarado servilismo, también elogió a su diputada y coordinadora de bancada del PT, Marisol Sánchez Navarro, intentando validar lo que el ojo ciudadano rechaza.
Al analizar su paso por el Congreso, el hechizo se rompe de inmediato frente a la dura realidad de las cifras. A pesar de haber ocupado en dos ocasiones la presidencia de la Comisión de Educación y Cultura, los avances estructurales son tan invisibles como los fantasmas. La diputada del PT ha demostrado una habilidad casi mística para transformar el presupuesto público en «buenas intenciones» que nunca llegan a las aulas, dejando a estudiantes y docentes nayaritas esperando un milagro que su gestión, cargada de discursos pero vacía de hechos, se niega a entregar.
Este galardón «hechizo» no es más que una estrategia de promoción política disfrazada de mérito, una práctica recurrente en nuestra fauna local donde se prefiere inflar perfiles artificiales antes que rendir cuentas claras. Mientras la narrativa oficial intenta vender a una figura de «compromiso y liderazgo», el contraste con la práctica legislativa es ofensivo; es el arte de premiar la nada en un escenario donde la transparencia brilla por su ausencia. En Nayarit, parece que basta con un montaje de luces para que la mediocridad sea bautizada como excelencia.
La reacción en redes sociales ha sido el verdadero termómetro de este «premio fantasma», donde el malestar social ha llovido sobre la premiada como agua bendita sobre un falso profeta. Los ciudadanos han denunciado este acto de simulación y favoritismo, señalando que estos eventos responden más a oscuros acuerdos y conveniencias de grupo que a una evaluación seria del desempeño público. No es liderazgo lo que se celebra, es la audacia de creer que un trofeo brillante puede borrar años de estancamiento en sectores tan críticos como la educación y la cultura.
Resulta ofensivo que, en un estado con rezagos históricos, se pierda el tiempo y el recurso en construir liderazgos de papel. La trayectoria de Sánchez Navarro, marcada por su «bajo impacto y limitada trascendencia», es el ejemplo perfecto de cómo la clase política se ha convertido en un club de elogios mutuos totalmente sordo al clamor de la calle. Premiar la simulación es una burla para el ciudadano que exige resultados tangibles y no puestas en escena que parecen diseñadas para alimentar el ego de quienes han hecho del poder un refugio para la intrascendencia.
Finalmente, queda claro que este reconocimiento no tiene sustento en logros concretos, sino en la necesidad urgente de fabricar una imagen positiva frente a la evidente falta de sustancia. Por más que las «Luminarias 2026» intenten proyectar el rumbo de Nayarit con destellos dorados, la realidad legislativa de la diputada Marisol Sánchez sigue en sombras. Es hora de que el mérito en el servicio público deje de ser un truco de magia partidista y se convierta en una realidad que se pueda medir, tocar y, sobre todo, que beneficie a la gente y no solo a la modelo de la estatuilla.

