Ciudad de México (RRC): El fallecimiento de Jesús Murillo Karam, ocurrido este 22 de abril de 2026, marca el fin de una de las figuras más polémicas de la política y la justicia en México, dejando tras de sí un legado profundamente cuestionado por su actuación en el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
De acuerdo con reportes, el exfuncionario federal murió a los 78 años tras complicaciones de salud derivadas de un derrame cerebral, luego de permanecer hospitalizado en estado crítico durante varios días.
Murillo Karam, quien se desempeñó como titular de la entonces Procuraduría General de la República durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, quedó marcado por su papel en la investigación de la desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, ocurrida en septiembre de 2014.
Fue él quien presentó la llamada “verdad histórica”, una versión oficial que sostenía que los estudiantes habían sido asesinados e incinerados por un grupo criminal en el basurero de Cocula. Sin embargo, dicha narrativa fue ampliamente desacreditada por organismos internacionales, expertos independientes y nuevas investigaciones que evidenciaron irregularidades, manipulación de pruebas y posibles actos de tortura.
Años después, el propio Murillo Karam enfrentó procesos judiciales por su presunta responsabilidad en delitos como desaparición forzada, tortura y obstrucción de la justicia, en un giro que lo llevó de ser el encargado de procurar justicia a convertirse en acusado.
Su muerte ocurre sin que se haya esclarecido completamente uno de los episodios más oscuros en la historia reciente del país, lo que ha generado reacciones encontradas entre la opinión pública: por un lado, quienes lo señalan como símbolo de impunidad; por otro, quienes recuerdan su larga trayectoria en la política mexicana.
El fallecimiento del exprocurador reabre el debate sobre la deuda pendiente del Estado mexicano con las familias de los 43 estudiantes desaparecidos, así como sobre la necesidad de garantizar verdad y justicia en un caso que sigue siendo una herida abierta.
En medio de este escenario, la figura de Murillo Karam queda inscrita en la historia no solo por los cargos que ocupó, sino por las profundas controversias que marcaron su paso por el servicio público.

