Por Carlos Hartig.
La Sección 49 del SNTE en Nayarit ha dejado de ser un escudo para los maestros para convertirse en una vergonzosa extensión de la oficina de prensa del gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero. Bajo la cuestionada y servil dirigencia de Irma Alicia Peña Arcadia, el gremio vive su etapa más oscura, donde la prioridad no es el bienestar del docente, sino la comodidad de un Ejecutivo estatal que ha hecho del recorte a las prestaciones su bandera de mando. Peña Arcadia ha decidido arrodillar al magisterio ante la bota oficialista, permitiendo que la llamada «Ley Navarro» desmantele impunemente los derechos de pensiones y fondos de ahorro, transformando la lucha social en un silencio cómplice que solo beneficia a Palacio de Gobierno.
La fractura interna que desangra a la Sección 49 es el resultado directo de una dirigencia que ha preferido perseguir a sus propios afiliados antes que encarar al patrón. Peña Arcadia mantiene una hostilidad abierta contra cualquier voz disidente, utilizando el aparato sindical para amordazar a quienes cuestionan su sumisión ante una ley que pulveriza el futuro de los jubilados. En lugar de encabezar la resistencia contra el Fondo de Ahorro para el Retiro Digno —que reduce las percepciones reales del maestro—, la secretaria general ha optado por judicializar la vida interna del sindicato, atacando a exdirigentes para desviar la atención de su incapacidad para garantizar que la quincena llegue completa y a tiempo.
La relación con el “SUTSEM” deja al descubierto la falta de columna vertebral de Irma Alicia Peña Arcadia. Mientras el sindicato de burócratas ha mantenido una postura de dignidad y resistencia heroica ante el acoso administrativo del Estado y la lesiva reforma a las pensiones, la lideresa de la Sección 49 ha jugado el papel de «esquirol». Al aceptar acuerdos de migajas y desmovilizar al magisterio en los momentos de mayor agresión laboral, Peña Arcadia rompe el frente común de los trabajadores nayaritas. Esta fractura es el mejor regalo para Navarro Quintero, quien ha encontrado en la 49 a una aliada para debilitar al SUTSEM y avanzar en su agenda de recortes sin enfrentar una huelga que paralice al estado.
El beneficio para el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero es incalculable: tiene en Peña Arcadia a la operadora perfecta para implementar la «Ley Navarro» sin el estorbo de las protestas callejeras. Gracias a este entreguismo, el Ejecutivo estatal ha podido maniobrar con los recursos del magisterio a su antojo, presumiendo finanzas sanas sobre el lomo de los educadores que ven cómo sus días de aguinaldo y primas vacacionales se ven amenazados por los nuevos decretos. Peña Arcadia funciona como el pararrayos ideal de la soberbia gubernamental, asumiendo el costo del odio de las bases mientras el gobernador mantiene su imagen de administrador implacable, sabiendo que la dirigencia sindical no permitirá que la furia magisterial llegue a sus puertas.
En esta danza de traiciones, Peña Arcadia utiliza la sombra de los ex dirigentes como Ladislao Serrano e Ignacio Langarica para justificar su propio desastre. Al centrar su discurso en supuestos desfalcos del pasado, la secretaria general busca que el maestro olvide que su presente está siendo hipotecado por una ley que ella misma se niega a combatir legalmente. Los ex líderes, con todas sus fallas, jamás permitieron que el sindicato fuera una oficina subordinada al humor del gobernador; hoy, bajo Peña Arcadia, la soberanía sindical ha muerto para dar paso a una era de oscurantismo donde el castigo al disidente es la única política real de la actual cúpula magisterial.
La desconfianza del gremio hacia su «líder» es total, pues Irma Alicia Peña ha demostrado ser más eficiente para tramitar denuncias que para defender el Fondo de Ahorro de sus agremiados. No se puede hablar de representación cuando se acepta sin chistar una ley que obliga al trabajador a financiar con su propio sueldo la quiebra del estado. La Sección 49 es hoy un cascarón vacío, secuestrado por una dirigencia que tiene más miedo a una llamada de la Secretaría de Finanzas que a la desesperación de un maestro que no puede surtir sus recetas médicas debido al desabasto que la misma «Ley Navarro» ha profundizado en las instituciones de seguridad social.
El juicio histórico contra esta dirigencia será implacable por haber sepultado la autonomía del SNTE en Nayarit en el momento en que los trabajadores más necesitaban de un defensor. La historia no recordará los boletines de prensa de Peña Arcadia, sino el hambre y la incertidumbre que sembró entre sus propios hermanos de clase al validar un modelo de pensiones que condena al magisterio a la miseria. Nayarit reclama una dirigencia que no sea satélite del gobernador, que tenga el valor de caminar junto al SUTSEM en las calles y que entienda que el sindicato se fundó para servir a quienes enseñan, no para servirle la mesa a quien busca destruir sus derechos.

