Por Carlos Hartig.
La paciencia en Santiago Ixcuintla no solo se agotó; se convirtió en una indignación que hoy tiene rostro y voz. En un video que circula con fuerza, ciudadanos de diversas comunidades encararon la cruda realidad de una administración que parece más preocupada por el flash de las cámaras que por el bienestar de su gente. El reclamo es lapidario: «Vaca que no da leche… que no estorbe en el corral», una sentencia que retumba en los pasillos de un Ayuntamiento que, encabezado por Sergio González «El Pipiripao», ha preferido el abandono que el cumplimiento de su palabra.
El foco de la ira ciudadana recae directamente sobre el regidor Enrique Macedo, señalado como el máximo exponente de la simulación. Los vecinos lo denuncian por ser un «funcionario de fotografía»: muy activo para posar en eventos, pero desaparecido cuando se trata de ensuciarse los zapatos en el territorio. La crítica es frontal; mientras Macedo presume gestiones inexistentes, las familias ven cómo el agua y el lodo invaden sus hogares, llegando «hasta debajo de las camas». ¿Dónde está el regidor que prometió alcantarillas y empedrados? Al parecer, muy ocupado cobrando una dieta que el pueblo siente que no se ha ganado.
Lo que resulta verdaderamente insultante para el pueblo de Santiago es que han tenido que ser los mismos ciudadanos quienes, con sus propios recursos, resuelvan lo que el gobierno les niega. Mientras «El Pipiripao» y su cabildo —con Enrique Macedo como cómplice silencioso— parecen concentrados en terminar el trienio sin hacer ruido, los habitantes se ven obligados a contratar maquinaria para limpiar canales y evitar tragedias. La ausencia de servicios básicos no es falta de presupuesto, es una evidente falta de vergüenza de quienes hoy ocupan una silla en el cabildo.
La negligencia de Sergio González ha encontrado en regidores como Macedo el escudo perfecto para la ineficiencia. La promesa de «el cambio» se hundió en el mismo lodo que hoy castiga a las colonias. El reclamo de «si no puede con el cargo, déjeselo a otros» es un grito de auxilio dirigido a un alcalde y a un regidor que parecen vivir en una burbuja de privilegios, desconectados totalmente de la miseria que sus omisiones provocan en la periferia.
A menos de un año de que concluya esta administración, el balance es desolador. La exhibición pública de Enrique Macedo es apenas la punta del iceberg de un descontento generalizado. No hay obra pública de impacto, el drenaje es un desastre y la seguridad es un mito. La gente ya no se calla: ver a un regidor cobrando íntegro su sueldo mientras el pueblo saca el lodo de sus cuartos es una imagen que Santiago Ixcuintla no va a olvidar en las próximas urnas.
El mensaje para «El Pipiripao», para Macedo y para el resto del cabildo es contundente: la simulación tiene fecha de caducidad. Santiago Ixcuintla ya despertó y no aceptará más fotos sonrientes mientras sus calles sean un monumento a la desidia. El tiempo de las promesas de campaña terminó; hoy es el tiempo de las cuentas claras, y en la balanza de la historia local, esta administración pesa menos que el polvo que hoy asfixia a los santiaguenses. Quien no sirve para el pueblo, que se aparte del corral.

