Por Ricardo Reyes.
En medio de la retórica oficial, la presidenta municipal de Tepic, Geraldine Ponce, participó recientemente en la Mesa de Construcción de Paz y Seguridad en San Blas. Allí, junto a representantes de los tres niveles de gobierno, reiteró el lugar común que se ha vuelto estandarte de la actual administración: “La seguridad se construye con coordinación”. En sus propias palabras, en Tepic “atendemos reportes, reforzamos operativos y trabajamos de manera conjunta con la estrategia que encabeza la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo”.
Suena bien. Suena a trabajo en equipo, a unidad federalista y a un gobierno que “suma esfuerzos”. El problema es que, para miles de tepicenses que enfrentan día con día la inseguridad en sus colonias, ese discurso suena cada vez más vacío, repetitivo y desconectado de la realidad cotidiana.
Las mesas de seguridad —esas reuniones mensuales entre alcaldes, gobernadores y federales— llevan años realizándose en Nayarit y en todo el país. Son foto, acta y boletín de prensa. Se habla de “reforzar operativos”, de “atender reportes” y de alinearse con la estrategia nacional. Sin embargo, los resultados concretos para la ciudadanía siguen siendo magros. En Tepic, la percepción de inseguridad ha mostrado altibajos preocupantes: en junio de 2025 subió más de nueve puntos porcentuales en pocos meses, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI, aunque luego registró cierta mejoría hacia finales de año. Aun así, los conflictos vecinales y la tensión diaria aumentaron, lo que revela que la “tranquilidad” oficial no se traduce necesariamente en paz real en las calles.
Mientras se celebra la “coordinación”, Nayarit ha registrado episodios de violencia que contradicen el optimismo oficial: narcobloqueos, enfrentamientos y detenciones masivas vinculadas al crimen organizado en 2026, incluyendo incidentes tras la muerte de figuras relevantes del narco que afectaron la movilidad y generaron temor en varias zonas del estado. En 2024, los homicidios en la entidad aumentaron un 30% respecto al año anterior, con Tepic concentrando una parte significativa de los casos junto a otros municipios. La tasa de violencia letal colocó a Nayarit entre las entidades más afectadas en algunos reportes de 2025.
Geraldine Ponce, quien además preside la Conferencia Nacional de Seguridad Pública Municipal, ha sido destacada por el gobierno morenista por supuestos avances, como una mejor percepción de seguridad que colocó a Tepic en ciertos rankings positivos del INEGI. Sin embargo, estos datos conviven con críticas recurrentes: desde errores en redes sociales donde la propia alcaldesa se autohalagó accidentalmente, hasta la persistencia de problemas estructurales como la corrupción en corporaciones policiales, la infiltración del crimen organizado y la falta de resultados tangibles en la prevención y el combate frontal a las causas profundas de la violencia.
Decir que “la seguridad se construye con coordinación” es cómodo cuando se trata de evadir responsabilidades. La coordinación es necesaria, pero no es suficiente ni mágica. No resuelve policías municipales mal pagadas, mal equipadas y muchas veces permeadas; no sustituye una justicia penal lenta y con altos índices de impunidad; ni compensa la ausencia de políticas reales de prevención que vayan más allá de operativos mediáticos y luminarias de 200 watts.
Los tepicenses no necesitan más mesas, más fotos ni más frases hechas alineadas a la narrativa nacional de Sheinbaum. Necesitan resultados medibles: reducción sostenida y verificable de homicidios, extorsiones, robos y violencia de género; calles donde se pueda caminar sin miedo a cualquier hora; y autoridades que dejen de repetir consignas para empezar a rendir cuentas concretas.
Mientras la “coordinación” siga siendo el principal logro publicitado, la inseguridad seguirá construyéndose sola, con la indiferencia y la ineficacia como principales aliadas. En Tepic, como en gran parte de México, urge pasar de las mesas de diálogo a acciones que realmente construyan paz, no solo titulares.

