Carlos Avendaño
Por Carlos Avendaño.
El regreso del caudillo AMLO. El ex presidente Andrés Manuel López Obrador volvió no a una plaza pública, no a una conferencia mañanera, no a una gira nacional, sino que volvió en forma de carta. Y tan solo bastaron unas cuantas cuartillas para recordar quién sigue siendo el principal referente político del “movimiento” que gobierna México –léase clarito MORENA-. El mensaje fue por demás claro. Estados Unidos estaría intentando debilitar a MORENA y fortalecer a la oposición mexicana. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cuenta con su respaldo. Y los cuestionamientos provenientes del norte deben interpretarse bajo la lógica de una disputa política y geopolítica. Nada nuevo. Durante años, López Obrador construyó una narrativa poderosa: cuando las críticas aumentan, cuando aparecen señalamientos incómodos o cuando la presión externa se intensifica, el problema no es necesariamente interno, sino que el problema es el adversario, el enemigo, la conspiración, la injerencia, la derecha, los conservadores, o en este caso Washington, dependiendo de la temporada. Sin embargo, existe una pregunta que el oficialismo parece evitar, ¿Qué pasa si el problema no es la crítica? ¿Qué pasa si el problema son las razones que generan la crítica? Porque culpar a los Estados Unidos puede funcionar políticamente. Lo que no elimina automáticamente son las dudas que existen dentro de México. Innegablemente que la inseguridad, la violencia, la expansión del crimen organizado, la percepción de impunidad, la creciente desconfianza institucional, nada de esto desaparece porque se escriba una carta de cinco cuartillas. La reaparición de López Obrador también deja otra lectura interesante. Durante meses se insistió en que el ex presidente se había retirado de la vida pública, que ahora gobernaba Claudia Sheinbaum Pardo, que iniciaba una nueva etapa, que comenzaba un nuevo liderazgo. Y entonces apareció la carta, y nos recordó que, cuando las cosas se complican, el fundador del movimiento sigue siendo convocado para fijar la línea política. Evidentemente que todo esto tiene ventajas, pero también tiene sus riesgos. Porque cada intervención de López Obrador fortalece la cohesión de MORENA, pero al mismo tiempo alimenta una pregunta cada vez más frecuente, ¿Quién está gobernando realmente? La presidenta enfrenta hoy desafíos enormes: la relación con los Estados Unidos, la seguridad, la economía, la estabilidad política, y en medio de todo ello, reaparece el líder histórico del movimiento López Obrador para cerrar filas. Quizá sea una demostración de unidad, quizá sea una muestra de respaldo, o quizá sea la confirmación de que la llamada transición del obradorismo al sheinbaumismo todavía no termina de ocurrir. Lo que sí parece por demás evidente, es que Andrés Manuel López Obrador supo elegir el momento exacto para aparecer, justo cuando las presiones aumentan, justo cuando las preguntas se multiplican, justo cuando el gobierno necesita reforzar su narrativa. Porque los caudillos políticos tienen una habilidad extraordinaria, pueden abandonar el escenario, pero rara vez abandonan la obra. Y cuando el telón comienza a moverse demasiado, siempre encuentran la forma de volver a entrar en escena. Aguas con AMLO…
El Sinaloa que ve Morena y el Sinaloa que viven los sinaloenses. Según lo describió Luisa María Alcalde Luján, en el programa derecho de réplica, existe un Sinaloa donde todo marcha bien, en donde la economía crece, en donde la violencia no ha provocado una crisis económica, en donde las cifras son optimistas y el futuro luce prometedor. Pero luego está el otro Sinaloa, ese que describe Martha Elena Reyes Zazueta, presidenta de COPARMEX Sinaloa, en el que todos los días levantan los comerciantes, el que sobreviven los restauranteros, el que padecen los pequeños empresarios, el que recorren los trabajadores que ven negocios cerrados, calles vacías y clientes que dejaron de consumir porque el miedo también afecta la economía. La pregunta es inevitable, ¿Quién está equivocado? Porque resulta difícil sostener que todo marcha extraordinariamente bien en Sinaloa, cuando una parte importante del sector productivo insiste en que la violencia ha golpeado severamente la actividad económica. Más difícil lo es aún y cuando la discusión ya no ocurre únicamente en las estadísticas, sino que ocurre en los locales cerrados, en las inversiones pospuestas, en los empleos perdidos, en los negocios que ya no abren por las noches, y hasta en los empresarios que cada vez encuentran menos certezas para arriesgar su patrimonio. Aquí lo meramente preocupante del episodio no es que existan diferencias de opinión, esto es normal en democracia. Lo realmente preocupante es la tendencia cada vez más frecuente de algunos gobiernos para desacreditar al mensajero cuando no les gusta el mensaje. Si un empresario denuncia problemas, es porque exagera. Si una organización empresarial critica, es porque tiene intereses políticos. Si un ciudadano protesta, es porque está mal informado. Y así, poco a poco, cualquier voz crítica termina convertida en sospechosa. La estrategia puede funcionar políticamente, pero jamás resuelve el problema de fondo, porque desacreditar una denuncia no equivale a resolverla, descalificar una cifra no significa mejorar la economía, y atacar al crítico no reabre los negocios que cerraron. La verdadera discusión no debería centrarse en quién gana el debate mediático, sino que debería centrarse en una pregunta mucho más sencilla, ¿Está viviendo mejor el sinaloense promedio que hace un año? Porque esta es la única encuesta que realmente importa. Al final de cuentas, las conferencias terminan, los videos de réplica dejan de circular, los funcionarios cambian de cargo, pero los comerciantes siguen pagando nómina, los empresarios siguen enfrentando riesgos, y los ciudadanos siguen tomando decisiones con base en la realidad que observan todos los días. La política puede construir narrativas, pero la economía no. La economía siempre termina presentando la cuenta y cuando llega este momento, no hay discurso que la pueda pagar…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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